África y los refugiados climáticos

Posted on agosto 27, 2014

0



Por: Juan Pablo Vélez Peña
Asistente de Investigación – Estudios Africanos
Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales – CIPE
Universidad Externado de Colombia
Bogotá, Colombia
 

En la actualidad, el cambio climático, entendido como la perturbación del clima atribuida directa o indirectamente a la actividad humana[1], constituye uno de los desafíos más grandes para la comunidad internacional al punto que podría incluso determinar la existencia misma de la humanidad. Este fenómeno, creado entre otros por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera del planeta, ha generado que la pérdida de la biodiversidad, la desaparición de los ecosistemas o la disipación sistemática de los recursos naturales no sean las únicas consecuencias percibidas en el mundo actual.

Norman Myers, ambientalista británico cuyos estudios en el tema de migraciones le han significado importantes reconocimientos, aseguró a mitad de la década de 1990 que el número de personas que habían sido desplazadas como consecuencia del cambio climático llegaba a los 25 millones y que posiblemente se doblaría para el año 2010[2]. Esa cifra se concentraba principalmente en los países más pobres del África subsahariana, Asia Oriental,  América Latina y el Caribe y Oceanía. La evidencia generó que los estudios de este tipo de fenómenos migratorios atados a causas ambientales no fueran vistos como menos importantes que aquellos vinculados a los conflictos armados y a las crisis económicas. 

De hecho, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés), publicó en 1985 un informe en el que el académico egipcio experto en temas ambientales Essam El-Hinnawi[3] implementó el concepto de “refugiado climático”, hasta ahora inédito para aquellas personas que no se ajustaban plenamente a la definición de refugiado que daba la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951[4] o el Protocolo de 1967.

Así, el término refugiado climático o refugiado ambiental rompía con las pautas sociales, culturales o políticas que pregonaba el concepto adoptado por la comunidad internacional al tiempo que introducía una realidad que ya empezaba a ocupar la agenda pública de los Estados y de las organizaciones multilaterales: el cambio climático y su impacto sobre los seres humanos. El-Hinnawi definió a los refugiados climáticos como “aquellas personas que se han visto obligadas a abandonar su hábitat tradicional, temporal o permanentemente, debido a una perturbación del medio ambiente (natural o causada por el hombre) que pone en peligro su existencia o afecta gravemente su calidad de vida”[5].

No obstante, atribuirle la calificación de refugiado a una persona que tuvo que abandonar su hogar o su país por causa de un desastre natural, del incremento del nivel del mar o de la contaminación de su hábitat es controversial para muchos expertos. La razón principal es que, primero, esa persona no será calificada ni reconocida como refugiada, pues no cabe en la definición de la Convención de 1951, segundo, posiblemente no salga de su país, y, tercero, difícilmente recibirá protección por su condición como sí lo haría el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) con las personas que caben dentro de la definición internacional de refugiado.

Por lo anterior, ACNUR ha decidido empezar a utilizer el término “desplazados ambientales” (Enviromentally displaced people) y lo define como: personas que se desplazan desde o quienes sienten la obligación de abandoner su lugar de residencia usual porque sus vidas y bienestar se encuentran en grave riesgo como consecuencia de procesos y eventos ambientales, ecológicos o climáticos adversos“[6].

Más allá de los problemas que ha traído consigo la labor de atribuirle a estas personas una calificación internacionalmente aceptada, existe una situación real: el número de refugiados climáticos ha aumentado progresivamente en los últimos años conforme aumentan los estragos generados por el calentamiento global.

Los tsunamis, terremotos, huracanes, inundaciones, sequías y otras manifestaciones extremas del cambio climático son cada vez más comunes en algunas zonas del planeta. Siendo África, y específicamente el África subsahariana, la región más afectada de todas, no por el impacto directo de los desastres y los efectos climáticos, sino por la acumulación de vulnerabilidades y la capacidad mínima de resiliencia[7].

El continente africano, que corresponde a lo que el World Wildlife Forum (WWF) denomina el reino biogeográfico afrotropical[8], perdió el 38% de su biodiversidad entre 1970 y 2008 de acuerdo al Índice Planeta Vivo (IPV) de WWF.  La zona más afectada ha sido la región del Sahel, cuyo territorio separa el sur del gran desierto del Sahara y los bosques húmedos tropicales de África central. Esta zona experimenta uno de los fenómenos generados por el cambio climático que, según Lester Brown (reconocido ambientalista estadounidense), más contribuye a la migración de los refugiados climáticos: la expansión de los desiertos[9].

Zona del Sahel (Fuente)

La expansión del desierto del Sahara hacia el sur del continente está encogiendo la vasta franja de sábana que forma la región del Sahel. Nigeria, el país más poblado de África, es uno de los países más golpeados por ese fenómeno climático, ya que el norte del país se está volviendo cada vez más desértico, lo que está obligando a muchas personas a desplazarse y a quedar atrapados en tierras menos productivas del sur de Nigeria. Todo esto, en últimas, agrava la situación de pobreza de los nigerianos y reboza otra situación crítica del país (y del continente): la vulnerabilidad al aumento del nivel del mar y la degradación de los deltas de los ríos.

La Fundación para la Justicia Ambiental, ONG británica, ha asegurado que el aumento de un metro del nivel del mar podría afectar hasta el 70% de la costa de Nigeria (principalmente a la zona del delta del Níger), que perjudicaría a más de 2.7 millones de hectáreas. Egipto, otro caso grave de África, perdería por lo menos dos millones de hectáreas en el fértil delta del Nilo, desplazando de 8 a 10 millones de personas, incluyendo casi toda la población de Alejandría[10].

Zona del Delta del Níger en Nigeria (Fuente)

 

Los refugiados climáticos terminan desplazándose a las grandes ciudades de sus respectivos países, a asentamientos ilegales en los que viven en condiciones de precariedad, o incluso aumentan el número de migrantes africanos que salen de su continente hacia Medio Oriente, Asia o Europa. Según una conferencia de las Naciones Unidas sobre desertificación que se llevó a cabo en Túnez en 2006, aproximadamente 60 millones de personas podrían emigrar del África subsahariana hacia el norte de África, el suroccidente asiático o Europa para 2020[11].

La desertificación, proceso de degradación de la tierra generado por la actividad humana que afecta aproximadamente a 150 millones de personas en el mundo[12], se ha apoderado de dos tercios del continente africano y, en consecuencia, ha aumentado la propensión a la ocurrencia de hambrunas y fuertes sequías alrededor de territorios que años atrás eran más o menos fértiles. El Cuerno de África, y principalmente Somalia, es reflejo de lo anterior. En 2011 esta región sufrió la peor sequía de la historia reciente que condujo a una grave crisis alimentaria en África oriental y a la emigración de millones de personas. La causa de este fenómeno es la alteración de los patrones de precipitación en la última década con sequías más prolongadas y más severas que en años anteriores[13].

Finalmente, a pesar de que los países africanos no son los únicos vulnerables al cambio climático y, por el contrario China (144 millones), India (63 millones), Japón (30 millones) y Estados Unidos (23 millones) son los que mayor cantidad de refugiados climáticos potenciales poseen[14], estos últimos han desarrollado una capacidad de resiliencia mucho mayor que los Estados más pobres del África subsahariana.

Ahora, resiliencia significa buscar garantizar la capacidad para lidiar y adaptarse a acontecimientos adversos[15]. Sin embargo, para desarrollar esa capacidad, las vulnerabilidades deben ser tratadas y convertidas en oportunidades. La pobreza, la desigualdad, la violencia, la segregación y la corrupción, sumadas a los efectos de los desastres naturales y del cambio climático, se traducen en tragedias sociales de grandes magnitudes que se materializan en flujos masivos de migraciones.

Nicholas Stern, economista británico que elaboró el primer informe del cambio climático desde una perspectiva económica en 2006, aseguró que el calentamiento del planeta es una seria amenaza para el mundo en desarrollo y un importante obstáculo para la reducción continua de la pobreza en sus múltiples dimensiones[16].

Stern, adicionalmente, auguró que de mantenerse intacto el modelo industrial a base de carbono y de conservarse el actual patrón de producción y consumo, el planeta podría experimentar un aumento de 5°C en la temperatura. Tal incremento generaría un proceso inminente de derretimiento de los glaciares que a su vez aumentaría en más de cinco metros el nivel del mar, haciendo desaparecer parcial o totalmente a los Estados insulares de África, Asia-Pacífico y el Caribe, y entre ellos Seychelles, Mauricio, Comoras, São Tomé y Príncipe y Cabo Verde.

Para el año 2050, de acuerdo con Stern y Myers, los refugiados climáticos superarán de lejos a los refugiados por la violencia, y llegarán a los 200 millones[17]. La problemática no podrá observarse como una situación natural a las migraciones humanas, y tampoco podrá asimilarse como un mito de los ambientalistas, tal y como lo asegura Richard Black de ACNUR[18]. En algún momento el cambio climático fue visto como un mito y años después las repercusiones fueron evidentes. Es necesaria una postura mucho más proactiva y realista por parte de todos los Estados, y una política de mitigación efectiva que provea de capacidad de resiliencia a los países más afectados para que así puedan, primero, reducir gradualmente las vulnerabilidades y, segundo, adaptarse al mundo del mañana, que indiscutiblemente no volverá ser igual.


CITAS DE PIE DE PÁGINA: 

[1] UNFCCC. Definición de cambio climático. EN: http://www.thegwpf.org/ipcc-introduces-new-climate-change-definition/

[2] Myers, Norman. 1995. Environmental Exodus, An Emergent Crisis in the Global Arena. Climate Institute, Washington DC. EN: http://www.climate.org/PDF/Environmental%20Exodus.pdf

[3] El-Hinnawi, Essam. 1985. Environmental Refugees. United Nations Environmental Programme. EN: http://www.unepmap.org/index.php?module=library&mode=pub&action=results&_stype=3&s_category=&s_descriptors=Environmental%20refugees

[4] “Una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento y es incapaz, o, debido a tal miedo, no está dispuesto a servirse de la protección de aquel país; o de quien, por no tener nacionalidad y estar fuera del país de su antigua residencia habitual como resultado de tales eventos, es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesto a volver a éste”. Artículo 1, Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados, 1967.

[5] Ďurková, Petra. 2012. Climate refugees in the 21st century. Regional Academy on the United Nations. EN: http://acuns.org/wp-content/uploads/2013/01/Climate-Refugees-1.pdf

[6] Refugee Studies Centre. 2008. Environmentally displaced people, Understanding the linkages between environmental change, livelihoods and forced migration. University of Oxford.

[7] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo  – PNUD. 2014. Informe sobre Desarrollo Humano. Sostener el progreso humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia. EN: http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr14-summary-es.pdf

[8] Los reinos biogeográficos son regiones caracterizadas por distintos conjuntos de especies. Representan grandes áreas de la superficie de la Tierra separadas por grandes barreras para la migración de plantas y animales —como océanos, amplios desiertos y altas cadenas montañosas— donde las especies terrestres han evolucionado de forma relativamente aislada durante largos periodos de tiempo (WWF, 2012).

[9] Brown, Lester. 2011. Environmental Refugees: The Rising Tide. Earth Policy Institute. Capítulo 6. EN: http://www.earth-policy.org/books/wote/wotech6 

[10] Environmental Justice Foundation. 2009. No Place Like Home: Where Next for Climate Refugees? London.

[11] Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación. International Year of Deserts and Desertification. Tunis 2006.  http://portal.unesco.org/en/ev.php-URL_ID=33331&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

[12] Globalization 101. 2013. Environmental refugees. EN: http://www.globalization101.org/environmental-refugees/

[13] Ďurková, Petra. 2012. Climate refugees in the 21st century. Regional Academy on the United Nations. EN: http://acuns.org/wp-content/uploads/2013/01/Climate-Refugees-1.pdf

[14] Gordon McGranahan et al. 2007. The Rising Tide: Assessing the Risks of Climate Change and Human Settlements in Low Elevation Coastal Zones. Environment and Urbanization, vol. 18, no. 1. pp. 17–37

[15] PNUD. 2014. Informe sobre Desarrollo Humano. Sostener el progreso humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia. EN: http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr14-summary-es.pdf

[16] Stern, Nicholas. 2006. Stern Review. La economía del cambio climático. UK Foreign & Commonwealth Office. EN: http://www.catedracambioclimatico.uji.es/docs/informestern.pdf

[17] Ibíd. Pág. 7.

[18] Black, Richard. 2001. Environmental refugees: myth or reality? UNHCR, University of Sussex. EN: http://www.unhcr.org/3ae6a0d00.html


BIBLIOGRAFÍA

Anuncios