La intervención militar franco – africana contra el terrorismo islámico en Malí

Posted on julio 31, 2013

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Lic. Yoslán Silverio González
Centro de Investigaciones de Política Internacional
La Habana, Cuba
Correo Electrónico: yoslan@cipi.cu

Resumen

La comunidad internacional ha estado presenciando un nuevo episodio de intervención militar directa. En esta oportunidad el escenario se traslada hacia el África Subsahariana, concretamente en la región Sahelo – sahariana del occidente africano. Los países de la zona – Mauritania, Malí, Níger– se caracterizan por estar entre las naciones más pobres del mundo. Son naciones afectadas además por  enfrentamientos internos, conflictividad que genera flujos de  desplazados y refugiados e inseguridad alimentaria. Las  características antes descritas son algunas de las que sirven para referirnos a los llamados Estados fallidos, de los cuales Malí es un ejemplo de ello. Es decir, cuando un Estado no puede garantizar la seguridad interna y la integridad física de sus habitantes o tenga la incapacidad para  dar solución a conflictos desencadenados en sus territorios. La crisis maliense se suscribe en este mismo contexto. El conflicto se inicio en enero de 2012 producto de una insurgencia de los tuareg en el norte del país. El elemento que agudizó la crisis fue la interacción de los grupos terroristas de corte islámico que amenazaban con tomar todo el país. Ante la incapacidad del gobierno maliense surgido de un golpe de Estado, se pide en el marco de la CEDEAO y de la ONU la intervención de la comunidad internacional. Francia a solicitud del Consejo de Seguridad intervino proclamando su compromiso con la lucha contra el terrorismo y amparada por la Responsabilidad para Proteger. El 11 de enero de 2013 se inició la intervención de las fuerzas francesas secundadas por tropas africanas en una nueva cruzada contra el terrorismo trasnacional.

La intervención militar franco – africana contra el terrorismo islámico en Malí

La comunidad internacional ha estado presenciando un nuevo episodio de intervención militar directa. En esta oportunidad el escenario se traslada hacia el África Subsahariana, concretamente en la región Sahelo[1] – sahariana del occidente africano. Malí, vendría a ser el país centro de esta subregión, el corazón del África Occidental. Los países de la zona – Mauritania, Malí, Níger– se caracterizan por estar entre las naciones más pobres del mundo, afectadas por graves sequías que repercuten en la pérdida de las cosechas y por ende en el aumento de la inseguridad alimentaria de sus poblaciones. La inestabilidad política es prácticamente un fenómeno cíclico. Producto de los enfrentamientos internos y la conflictividad, la situación de los  desplazados y refugiados es delicada.

Los males crónicos como el hambre y la pobreza son una realidad diaria en todos estos países[2]. A ello se suman, las redes de tráfico de personas, armas y drogas que utilizan el corredor transahariano para llegar a Europa. Estas organizaciones delictivas operan en las amplias zonas en medio del desierto que escapan de los controles gubernamentales. Otro de los actores que también están interactuando sobre el área han sido los grupos fundamentalistas islámicos. En este sentido el desarrollo y consolidación de redes islamistas de carácter terrorista han constituido un reto para la seguridad y la estabilidad de dichos países.

 Las  características antes descritas son algunas de las que se utiliza para calificar a estos países como Estados débiles o Estados fallidos. Noam Chomsky ha sido uno de los intelectuales que ha teorizado sobre dicho concepto en su libro “Estados Fallidos”. Él plantea en esta obra que un Estado puede ser definido de esta manera cuando este no tiene la capacidad  o le falta voluntad para  proteger a su población de la violencia y de la destrucción[3]. Es decir, cuando un Estado no puede garantizar la seguridad interna y la integridad física de sus habitantes. También puede ser entendido como la incapacidad de algunos gobiernos o la inexistencia de gobiernos reconocidos que puedan dar solución a conflictos desencadenados en sus territorios. En el caso de Malí se unieron dos de estos elementos: la existencia de una gobierno no reconocido producto a un golpe de Estado y la incapacidad propia de los militares de solucionar la crisis interna.

Este concepto ha sido utilizado como pretexto para legitimar agresiones o “intervenciones humanitarias”, como la desarrollada por Estados Unidos en Somalia en los años noventa. Las políticas y los conflictos internos acontecidos en la mayoría de los países africanos  generan movimientos de  desplazados o migraciones desordenadas de personas que buscan refugio en países fronterizos y que a su vez pueden generarle situaciones de desestabilización al país receptor. Este fenómeno ocurre a menudo en las fronteras compartidas entre los países mencionados. Producto a los problemas internos de seguridad alimentaria con graves índices de hambruna, corrupción, mal funcionamiento del gobierno, insurgencia por parte de determinados grupos étnicos, desplazamientos de personas y la amenaza terrorista islámica, era de esperar que la conjunción de todos estos factores, hicieran de Malí un escenario inevitable para una operación militar.

Desde el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001 se inició una cruzada global antiterrorista liderada por Estados Unidos que fue utilizada como pretexto para invadir Afganistán y luego Irak. La guerra contra el terrorismo  desatada por la grandes potencias ha servido para aumentar la presión política sobre los países que supuestamente patrocinan el terrorismo y así intervenir en los asuntos internos de aquellos gobiernos que no tengan la capacidad de hacer frente a las acciones de dichos grupos terroristas. Esta amenaza a la seguridad se comenzó a ver fundamentalmente como la amenaza islámica, para arremeter de esta manera, contra determinados países del llamado eje del mal y así posicionar los intereses occidentales o asistir a otros países que no puedan resolver el problema del terrorismo como se evidenció en Malí, por lo tanto la presencia militar en este país también es parte de esta política de lucha antiterrorista.

Especialmente para la zona  africana, en la cual se  centra el análisis de esta ponencia, Estados Unidos tiene diseñada una estrategia antiterrorista denominada Iniciativa Transahariana de Lucha contra el Terrorismo adoptada  en el 2005, para hacer frente a la organización de Al Qaida del Magreb Islámico[4] (AQMI) mediante la ayuda militar a los ejércitos locales. En este sentido, las fuerzas armadas de Malí, fueron las que más se beneficiaron de estos programas de asesoramiento y entrenamiento militar. El ejército regular  no pudo contener la ofensiva de los tuareg primero y de los islamistas después.

La crisis maliense se suscribe en este mismo contexto y evidenció la incapacidad gubernamental, debido a la debilidad de sus instituciones político militares, de hacer frente a la ofensiva islamista dentro de su territorio y de ser garante de las poblaciones afectadas. La situación creada a lo interno del país era mucho más complicada por la gran cantidad de actores e intereses que estaban interactuando entre sí.

El conflicto se inicio en enero de 2012 producto de una insurgencia de los tuareg en el norte del país, que en su  avance hacia el sur, derrotaron a las fuerzas militares regulares y tomaron las principales ciudades, hasta una región cercana a la ciudad de Mopti. En todo el territorio “conquistado”, los rebeldes tuareg establecieron, en abril, el Estado de Azawad[5], que representa el 65% del país.  Ante el evidente retroceso del ejército, un sector de los militares  – baja oficialidad – realizaron en el mes de marzo un golpe de Estado contra el gobierno central, lo que agudizó aún más la crisis interna y el nivel de incertidumbre política[6].

El elemento que más influyó sobre el posterior desarrollo de la crisis fue la presencia de grupos islamistas radicales que aprovecharon la situación creada por el movimiento nacionalista tuareg[7]. El islam radical es representado en toda la región por el grupo AQMI, cuyas acciones son consideradas como terroristas. Esta organización aprovechó la inestabilidad interna producto del levantamiento tuareg para tratar de consolidad sus posiciones desde el territorio maliense. En este contexto se fueron creando otras organizaciones del mismo carácter como el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO) el cual, junto a AQMI, había infiltrado al movimiento nacionalista y laico de los tuareg que luchaban bajo la organización Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA).

La presencia de los islamistas causó fisuras internas que llevaron a la escisión de los tuareg. Los tuareg islamistas radicales se agruparon en la organización Ansar Dine (Defensores de la fe)  y comenzaron a implantar la Sharia en los territorios tomados[8], y perseguían establecer el Estado islámico más allá de las fronteras. En el caso del norte de Malí prohibieron la difusión de música occidental en las emisoras, destruyeron manuscritos, algunos de la época preislámica que según ellos no son afines con la religión musulmana, asaltaron bibliotecas destruyendo el patrimonio cultural de esta nación y exhortaron a las mujeres a eliminar de sus vestuarios el uso de pantalones y cambiarlos por faldas y vestidos  tradicionales.

Habría que hacer una precisión con respecto al tipo de redes islamistas que estaban interactuando en el conflicto maliense y esta nos llega a través de la conceptualización ofrecida por Fernando Reinares en “El terrorismo internacional”. Su trabajo nos remite a un concepto muy interesante sobre el terrorismo de carácter transnacional. El mismo es entendido como:

“Aquel que de una u otra manera atraviesa fronteras estatales, básicamente porque quienes lo ejecutan mantienen estructuras organizativas o desarrollan actividades violentas  en más de un país, incluyendo por lo común territorios sobre los cuales no tienen jurisdicción alguna las autoridades (…). Esto significa que los actos de violencia involucran a más de un país y con frecuencia a individuos de dos o más nacionalidades, tanto en lo  que se refiere a los terroristas como a sus víctimas”[9]

Es una definición exacta de lo que  caracteriza hoy en día al grupo AQMI. Teniendo en cuenta esta apreciación se puede afirmar que AQMI es un grupo terrorista transnacional[10] de carácter islámico, cuyas acciones se expanden por todo el Sahara y el Sahel  occidentales desde Mauritania hasta Níger y desde el sur de Argelia hasta el norte de Nigeria. La región está bajo la presencia de una amenaza terrorista transnacional  e islámica cuyas acciones traspasan las fronteras de varios Estados, por lo que su repercusión adquiere un carácter regional. Ello constituye un reto para la seguridad de los países que se ven implicados.

Para Silvio Baró los conflictos pasaron a ocupar un lugar importante en la preocupación de círculos políticos y académicos de los países occidentales. Se comenzaron a percibir los estallidos  de estos como una amenaza, ante la eventualidad de una regionalización y/o que estos afectaran las fuentes de abastecimiento o las vías de transportación de los recursos naturales estratégicos para las potencias capitalistas y, por consiguiente, provocaran problemas a su seguridad[11]. La posible regionalización del conflicto habría afectado las exportaciones de uranio con destino a las termonucleares francesas que proveen la energía que se consume en el país galo y que proceden de las depósitos en Níger, muy cerca de la frontera con Malí.

Todo lo anterior indica que la solución a dicho problema pasaba por la toma de acciones conjuntas de todos los Estados afectados directa e indirectamente, por lo que sus implicaciones sobrepasaban al Estado maliense. Se evidenció que cuando dichas naciones – pobres y débiles desde el punto de vista político militar – no  están en condiciones de responder de manera contundente contra la proliferación de las redes terroristas, se recurre primero a los organismos de concertación regionales que tratan de buscar una solución mediante la intervención militar de las fuerzas locales. En el caso de África Occidental se acudió a la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDAO). La situación interna se siguió agravando y al estar agotada la posibilidad de gestionar la crisis mediante una respuesta militar precisa por la falta de medios para llevar a cabo las operaciones, la comunidad  internacional se vio en la obligación de dar una  respuesta. Ello conduce al peligro de la intervención militar  de actores foráneos  o potencias ex coloniales como Francia.

Desde que se realizó el golpe de Estado, la CEDEAO adoptó un paquete de medidas contra la Junta Militar. Al mismo tiempo, se empezó a dilucidar la idea de una posible intervención militar integrada por los efectivos de dicho mecanismo de integración subregional. La Junta Militar devenida en Gobierno de Transición inició un proceso de búsqueda de respaldo internacional, que lo llevó a solicitar la intervención militar en el marco de la CEDEAO y de la ONU. Luego de rondas de negociaciones fue aprobada por el Consejo de Seguridad, la  Resolución 2071, donde se daba un plazo de 45 días para confeccionar una estrategia militar entre los países de la subregión para hacer frente a los islamistas. En noviembre, la CEDEAO decidió enviar 3.300 militares por el período de un año para ayudar al ejército maliense a expulsar del norte a los grupos islamistas.

La amenaza de la invasión islamista hacia el sur del país se hacía más evidente tras las victorias que seguían obteniendo en la zona “fronteriza” ficticia establecida por el MNLA, en un primer momento. Es decir, los islamistas no se limitarían al espacio que los tuareg nacionalistas reclamaban y tenían la intensión de mantener su avanzada hacia Bamako. Por lo tanto, las autoridades establecidas de facto en la capital, seguían clamando por la “ayuda de la comunidad internacional” en el seno de la ONU. Por mediación de Francia se logra pasar la resolución que aprobaba el uso de la fuerza militar para desalojar a los islamistas del norte del país, proteger a la población civil y restablecer la integridad territorial.

El Consejo de Seguridad aprobó, el 20 de diciembre, el despliegue de una fuerza internacional en Malí. La intervención militar en Malí, es el ejemplo más reciente de lo que se ha venido codificando en el seno de las Naciones Unidas referido a la intervención humanitaria y la Responsabilidad para Proteger (R2P).   El respaldo jurídico que ofrecía la R2P, fue el que permitió la implementación de dicha fuerza multinacional en “apoyo” de Malí.

La investigadora Leyla Carrillo, al referirse a la situación en Malí, plantea cómo desde 2011 y con precisión milimétrica fueron creadas las condiciones para garantizar un apoyo internacional asentado en la fórmula modificada por los polos de poder de la necesidad o responsabilidad de proteger.

Hoy se enarbola para la “injerencia humanitaria” o el derecho a intervenir, vapuleando la soberanía e igualdad de los Estados, siempre subdesarrollados, fallidos, pobres, con deficiencias humanitarias, ambientales, sanitarias…. ”[12]

La expresión «responsabilidad de proteger» apareció por primera vez en el informe de la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados (ICISS), establecida por el Gobierno del Canadá en diciembre de 2001. En su informe, «La responsabilidad de proteger»[13] , se llegó a la conclusión de que la soberanía no solo daba al Estado el derecho de «controlar» sus asuntos, sino que le confería la «responsabilidad» primordial de proteger a la población dentro de sus fronteras. También proponía que cuando un Estado no protegiese a su población, ya fuera por falta de capacidad o de voluntad, la comunidad internacional en general asumiera esa responsabilidad.[14] En el caso de Malí se evidenciaba que el gobierno no tenía la capacidad de ofrecer protección a su población.

Esta responsabilidad colectiva internacional sería ejercida por el Consejo de Seguridad por la que se autorizaba la intervención militar como último recurso en caso de genocidio y otras matanzas en gran escala, limpieza étnica y graves violaciones del derecho humanitario, que los gobiernos soberanos hubiesen demostrado no poder o no querer evitar». Así mismo ocurrió en el caso maliense: se buscó demostrar la imposibilidad de hacer frente a la amenaza que el islamismo representaba, pero no solo para Malí sino para toda la región.

Fue así que en el año 2001 surgió el concepto de “Responsabilidad para Proteger”. Si un Estado no es capaz de dar solución a determinado conflicto interno, la comunidad internacional tiene el derecho entonces a intervenir, para proteger a los civiles. La Responsabilidad de Proteger, viene a ser la versión actualizada y “mejorada” de las concepciones sobre el intervencionismo humanitario[15], concepto que se presta para todo tipo de manipulaciones en función de intereses específicos, que por lo general, son a favor de las principales potencias capitalistas. El entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan fue el principal promotor de esta terminología.

“Cada Estado tiene la responsabilidad primaria de proteger a su población de los crímenes masivos, a su vez la comunidad internacional debe utilizar vías diplomáticas, humanitarias y otros mecanismos para proteger a las poblaciones de los crímenes mencionados. Si un Estado falla en su compromiso de proteger a su población  o perpetúa dichos crímenes, la comunidad internacional debe estar preparada para tomar medidas más firmes, incluyendo el uso de la fuerza colectiva a través del Consejo de Seguridad de la ONU”.[16]

La mayoría de los  países africanos presentan realidades bien complejas que son un escenario ideal para que la sombra de la intervención con fines humanitarios pueda aplicarse, bajo los preceptos de la responsabilidad colectiva que se atribuyen ciertos Estados de la comunidad internacional de proteger a los nacionales en peligro, el problema radica en que por lo general esto sirve para fomentar más la guerra y la inestabilidad del país que se trate.

A pesar de que jurídicamente el concepto no haya sido aprobado, la forma en la que se desarrollaron los acontecimientos en Libia (2011), en Costa de Marfil (2011) y ahora en Malí (2012), son ejemplos claros de su puesta en práctica. Una situación parecida se está produciendo en Siria[17].

El 11 de enero de 2013 se iniciaba la operación Serval por parte de Francia – antigua potencia colonial –  dando inicio a un nuevo período de intervención militar en África teniendo como referente una decisión del Consejo de Seguridad. La misma fue secundada por efectivos militares de los países africanos fronterizos con Malí. La intervención extranjera fue fundamentada en las supuestas vinculaciones que existían entre la insurgencia tuareg y las bandas de AQMI, así como en la necesidad de poner freno a la amenaza que supondría para la paz y la estabilidad de todo el Sahel que se consolidase un territorio islamista en el centro del desierto. Esta vez la acción militar tuvo un signo preventivo: frenar la expansión del islamismo. Es decir que estamos en presencia de otro ejemplo donde el islamismo radical es utilizado como excusa  para consolidar posiciones geopolíticas y geoestratégicas como en el caso específico de Malí.

De igual forma, estos acontecimientos han resultado ser  un estímulo para retomar el concepto occidental de “lucha contra el terrorismo” trasladado ahora al escenario saheliano, con el objetivo de frenar las acciones de AQMI. Ello ha llevado al  aumento de la presencia militar por la región. Al miso tiempo y como demanda el patrón utilizado, se buscó la legitimación también desde el punto de vista multilateral con la incorporación de una fuerza militar africana. Es decir no aparece Francia como la que lleva las operaciones de manera impositiva o sola. La multilateralidad de las acciones fue importante para respaldar la acción bélica y no ser presentada solo como una iniciativa francesa. La misión militar africana se denominó AFISMA y estaría compuesta por 3.300 efectivos y dirigida por Nigeria. La cifra de soldados franceses directamente implicados llegó a los 4 mil efectivos. Francia será acompañada en su intervención por Nigeria (900 soldados), Níger (500), Burkina Faso (500), Togo (500), Senegal (500), Benín (300), Guinea (144) y Ghana (120).

La región ha sido el área tradicional de influencia francesa. Por lo tanto los intereses económicos que posee el país galo son significativos. Desde el punto de vista económico estos se centran en las exportaciones de uranio procedentes de Níger. Pero desde el punto de vista político, esta región para Francia es estratégica ya que lucha por mantener su influencia histórica y consolidar un  área que está en el corazón del Sahara occidental. Al mismo tiempo su actuación es vista como parte de la estrategia francesa de no ceder terreno ni en el orden militar ni político. Ello se evidencia en “el afán de París por no perder ni un ápice de control político y económico en lo que considera su esfera natural de influencia, es decir, sus ex colonias”[18]. También estaba la necesidad europea – respaldad por Francia – de imponer el control sobre la región debido a su volatilidad. Los hechos en Malí sirvieron de pretexto para finalmente lanzar una campaña militar sobre el área y contrarrestar las acciones de AQMI que constantemente ha realizado atentados y secuestros contra nacionales europeos.  Los países del área también son vistos como Estados tapón de la zona del Magreb, su control es necesario para evitar la emigración ilegal con destino a Europa y todo tipo de tráfico.

Las fuerzas franco – malienses y africanas tomaron las principales ciudades del norte del país pero se enfrentan a una red no precisa de militantes islamistas. Ahora el escenario de guerra se concentra en las numerosas localidades  más pequeñas, lo que aumentará la complejidad de las acciones en contra de los islamistas en el desierto. A medida que el elemento islamista no sea erradicado o se aumente se propagación, ahora fuera de los territorios malienses, se mantendrá la cohesión en torno a la necesidad de hacer frente a una amenaza común, por lo que los niveles de concertación con los actores extraregionales y extracontinentales en línea con la lucha contra el terrorismo se mantendrá.

El siguiente paso a la intervención militar es el establecimiento de una Misión de Paz de la ONU, como única vía para garantizar la estabilidad en la zona reconquistada por los ejércitos “aliados” franceses y africanos.  La Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA) fue establecida por el Consejo de Seguridad en su Resolución del 25 de abril de 2013. Los objetivos se presentan de la siguiente manera.

“La Misión prestaría apoyo al proceso político y llevaría a cabo tareas de estabilización relacionadas con la seguridad, prestando particular atención a los principales centros de población y las líneas de comunicación, la protección de los civiles, la vigilancia del respeto de los derechos humanos, la creación de las condiciones necesarias para la prestación de asistencia humanitaria y el regreso de los desplazados, la ampliación de la autoridad del Estado y la preparación de elecciones.”[19]

El 1 de julio de 2013, la MINUSMA debe asumir los poderes de la Misión Internacional de Apoyo a Malí con Liderazgo Africano (AFISMA). Esta misión de paz está conformada por un total de aproximadamente 11.200 efectivos militares. En esta se incluyen batallones de reserva capaces de desplegarse rápidamente en el país siempre que sean necesarios. A su vez la integran  unos 1400 efectivos de la policía.  Está previsto que  la mayoría de los componentes militares, policiales y civiles operarían principalmente en el norte del país con sede en una base logística en Gao o Sevare.

Si bien el peligro de la intervención militar sigue estando presente como un instrumento de política exterior en mano de las grandes potencias, en el caso de Malí, lo más peligroso resultó ser el precedente que marcó  el hecho de que por unanimidad, los gobiernos de los propios países africanos respaldaran desde un inicio la intervención conjunta franco – africana.

Los hechos relacionados con la crisis en Malí indican varios elementos:

  • El terrorismo islámico sigue estando en el centro de atención de la agenda internacional. Este fenómeno es manipulado por las potencias occidentales ya que en aquellos países donde resulte ser un peligro para la geopolítica de las potencias occidentales será condenado, mientras que donde este pueda ser utilizado para subvertir el orden interno de algún país, será apoyado.
  • El respaldo legal por parte de la comunidad internacional en el marco de la ONU y del Consejo de Seguridad para la solución de  conflictos mediante la intervención militar directa.
  • Se legitima aún más el concepto de R2P lo que aumenta las posibilidades de nuevas intervenciones abogando los principios recogidos en dicha directiva.
  • La debilidad de los organismos multilaterales  africanos para solucionar sus  propios conflictos  sin depender de las potencias occidentales.
  • El discurso oportunista de la política de Francia  en materia de lucha contra el terrorismo.

Una vez más se han puesto de manifiesto las formas en las cuales  operan las grandes potencias occidentales, haciendo uso del derecho internacional y de las instituciones multilaterales regionales en coordinación con las Naciones Unidas. Al mismo tiempo, siguen siendo las naciones subdesarrolladas las que pagan las consecuencias de las disposiciones que se establecen por el derecho internacional, las cuales parecen tener como base, la de ser establecidas para poder garantizar el control sobre dichas naciones. África continúa como  el continente que  posee el salón de ensayo más grande para las normativas jurídicas que se imponen en dichos organismos internacionales. Lo peor en este sentido es que se ha logrado que poco a poco los gobiernos del tercer mundo vayan aceptando la legitimidad de dichos procedimientos. Malí ha sido el ejemplo más reciente. El peligro se puede seguir expandiendo porque existen otros países en los cuales los gobiernos no pueden controlar sus crisis internas ni garantizar la seguridad de  la población, como es el caso de Nigeria. En otros casos se manipula el problema interno para obtener un objetivo político.

La normativa jurídica internacional asegura el marco propicio para encausar este tipo de operaciones abogando lo derechos humanos, la democracia, la constitucionalidad y la amenaza terrorista islámica. La lista de países implicados no se limitará a Libia, Costa de Marfil, Malí y ahora Siria, sino que todo parece indicar que será una nueva tendencia en las relaciones internacionales evocando la Responsabilidad de Proteger para solucionar los conflictos internos que se puedan presentar en el futuro. Este procedimiento ha estado siendo utilizado por los poderes occidentales en función de lograr sus objetivos de política exterior. 

Bibliografía

 


[1] El Sahel es una región geográfica y climática del continente africano que tiene una extensión aproximada de 4.000.000 km².  Sahel significa en árabe “borde”, “litoral”  o “costa”, es decir lo que constituye el borde del desierto del Sáhara, la frontera que separa los 9 millones de  km² de arenas y pedregales, de tierras áridas salpicadas por oasis, de las selvas del África tropical. Ésta amplia extensión de tierra incluye  el sur de Mauritania, Senegal, el norte de Malí, de Guinea y Burkina Faso, así como el de  Nigeria y Camerún, el centro sur de Níger  y se extiende hasta Chad, Sudán y Eritrea

[2] Se estima que el 60% de los habitantes de Mali viven por debajo del umbral de la pobreza y su esperanza de vida es de 54 años.

[3] ¿La falta de desarrollo en África provoca Estados Fallidos? 2011/03/31. Disponible en: http://letstalkworldissues.wordpress.com/2011/03/31/¿la-falta-de-desarrollo-en-africa-provoca-estados-fallidos/. Consultado el 27 de agosto de 2012.

[4] La fecha de creación del grupo Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) se ubica a inicios de 2007. Sus acciones se centraban contra intereses extranjeros, principalmente europeos y norteamericanos, así como a turistas de estas nacionalidades, objetivos militares, policiales y gubernamentales. Así mismo, su campo de acción crecería, no solo limitándose a Argelia sino que  atacarían también en los países vecinos y en general en todo el Sahel.

[5] El MNLA declaró la independencia total del Azawad  el 6 de abril de 2012 en los territorios que conforman las provincias de Gao, Nidal y Tombuctú, representan el 65% del país, un área de 800 mil km2, una superficie del doble de la Francia.   

[6] Yoslán Silverio González. “Mali: crisis política y guerra. Un nuevo episodio de la intervención militar en África Subsahariana”. 20 de Febrero de 2013. Disponible en: http://leyderodriguez.blogspot.com/

[7] El avance de los tuaregs fue posibilitado por las armas que trajeron muchos de los tuareg que pelearon junto con Gadafi en Libia. Al ser derrotados en este país, regresaron a Mali y organizaron el movimiento de insurgencia.

[8] Los islamistas se caracterizan por tener una visión conservadora de la ley islámica – Sharia – la cual aplican de forma estricta, sobre todo en los aspectos del ámbito familiar, con las mujeres y contra elementos de la cultura occidental o de la etapa preislámica. En el caso del norte de Mali prohibieron la difusión de música occidental en las emisoras, destruyeron manuscritos, algunos de ellos de la época preislámica que según ellos no son afines con la religión musulmana y exhortaron a las mujeres a eliminar de sus vestuarios el uso de pantalones y cambiarlos por faldas y vestidos  tradicionales.

[9] Fernando Reinares. “El terrorismo internacional”. En: Panorama  Estratégico 2004-05. Ministerio de Defensa, junio de 2005. Instituto de Estudios Estratégicos Real Instituto El Cano.  p. 48

[10] Entre 1936 y 1981 se ha registrado alrededor de 109 definiciones distintas de la palabra terrorismo, y desde entonces se han escrito muchas más, entre ellas una media docena propuestas por el Gobierno de los Estados Unidos. Por ejemplo esta definición del FBI que  define el terrorismo  internacional como: “el uso ilegal de la fuerza o la violencia ejercida por parte de un grupo de personas (…) que tienen alguna conexión con potencia extranjera o cuyas actividades trascienden las fronteras nacionales, contra personas o propiedades, para intimidar o coaccionar a un gobierno, o a la población civil para la consecución de objetivos sociales y políticos”. Ver: Elsie Plain Rad Cliff .“El terrorismo internacional y sus diversas interpretaciones.  Una aproximación al tema desde un enfoque tercermundista”. En: Thalia Fung. El mundo contemporáneo en crisis.  Editorial Félix Varela, La Habana, 2011, p. 106.

[11]  Silvio Baró Herrera. “Breves apuntes acerca de la noción de seguridad”. Abril de 2011. Articulo inédito. p. 8.

[12] Leyla Carrillo Ramírez. “Mali a la carta”. Disponible en: http://www.radiohc.cu/especiales/comentarios/28069-mali-a-la-carta.html

[13] “La responsabilidad de proteger: Informe de la Comisión Internacional sobre intervención y soberanía de los Estados”. Disponible en: http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/57/303

[14]“La responsabilidad de proteger”. Disponible en: http://www.un.org/es/preventgenocide/rwanda/about/bgresponsibility.shtml

[15] Silvio Baró, “África y el debate en torno a la Responsabilidad de Proteger (R2P)”, CEAMOnitor, julio, 2009. Disponible en: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article624. Consultado el 10 de agosto de 2010.

[16] “La Responsabilidad para Proteger: una nueva norma para prevenir y detener crímenes masivos”. Disponible en: http://www.responsibilitytoprotect.org/ICRtoP%20Factsheet%20ESPANOL.pdf. Consultado el 15 de marzo de 2011

[17] El caso Sirio es el ejemplo claro del doble sentido en el que se puede utilizar la R2P, debido a que la situación interna ha sido fomentada desde el exterior para legitimar una agresión militar y el cambio de gobierno.

[18] Esteban Jaramillo Pedroza.  “Francia  y  La Responsabilidad de Proteger”. 8 de Febrero 2013. Disponible en: http://www.eltiempo.com/blogs/via_mondo_blog_de_politica_y_relaciones_internacionales/2013/02/francia-la-responsabilidad-de.php

[19] “MINUSMA. Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las  naciones Unidas en Malí”. Disponible en: https://www.un.org/es/peacekeeping/missions/minusma/background.shtml