Mujer y Acceso a la Tierra en Sudán del Sur

Posted on noviembre 29, 2012

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Por: Fabiola Flores
Programa de Información y Asistencia Legal – Warrap State
Consejo Noruego para los Refugiados
icla.warrap@sudan.nrc.no

El 9 de Julio de 2011 el mundo entero fue testigo del nacimiento de Sudán del Sur que se convirtió oficialmente en el país 153 del globo.  El nacimiento de un nuevo Estado logrado con el esfuerzo de millones de personas que por décadas – por no decir desde siempre – fueron considerados ciudadanos de segunda clase en su propia tierra.  Hoy en día es un país con una agenda pendiente y con muchos retos por afrontar.  La guerra entre hermanos parece nunca acabar y los problemas coyunturales a los que se enfrentan sus ciudadanos son muchos y muy complejos.  Un país que hasta hace relativamente poco estaba formado por clanes miembros de diferentes tribus, y que sigue siendo el principal referente de identificación social y cultural.  El concepto de nación, su implicación y su pertenencia a ella aún no está consolidada en la mente de la mayoría de sus ciudadanos.

El surgimiento del nuevo país ha traído grandes cambios a la estructura política, mas no en el aspecto social y económico.  Un país donde los servicios básicos son inexistentes, salvo en la capital; la mayoría de sus habitantes no tienen la mínima capacidad adquisitiva y reina una alta tasa de ciudadanos sin acceso a la educación básica o a otras formas alternativas de desarrollo de capacidades.

La estructura social del país es básicamente tribal, la división administrativa y la presencia efectiva del estado se centraliza en la capital y en las principales ciudades del país.  Sudán del Sur sigue siendo una sociedad tribal regida por enraizadas costumbres y tradiciones que en muchos casos contravienen los principios universales de derechos humanos.

Hoy en día es claro que el crecimiento de Sudán del Sur sigue básicamente centralizado en Juba, como suele suceder en la mayoría de países que no han alcanzado el tan deseado desarrollo y estabilidad social y política.  A la fecha, la gran mayoría de sus ciudadanos viven por debajo de la línea de la extrema pobreza y sin posibilidades de acceder a servicios básicos ni a oportunidades de generación de ingresos.  A esta falta de oportunidades se suma la falta de capacidades técnicas de la mayoría de la población que por décadas han desarrollado exclusivamente actividades agro pastorales. No son pocos los retos por afrontar; existe una larga lista de tareas pendientes que en su mayoría o en su totalidad descansa en el gobierno de turno, así como en la comunidad internacional.

Un país con muchos recursos naturales pero con falta de capacidades internas para gestionarlos y desarrollarlos. En los años venideros, Sudán del Sur debe enfrentar uno a uno los fantasmas del pasado y redescubrirse en aras de la búsqueda del beneficio de su pueblo.

La proclamación de la independencia y la consecución de la paz, que aunque débil, ha abierto las puertas para el retorno de aquellos que partieron en diferentes momentos.  La situación interna del país sigue siendo inestable y hoy en día, es el país con mayor número de  desplazados en el mundo. La guerra, las milicias, los conflictos internos en su mayoría generados por las luchas entre clanes son los principales elementos que han contribuido con el éxodo masivo de poblaciones enteras.  Al número de desplazados es importante sumarle las personas que han retornado después de la guerra y a quienes se les recibe con timidez.  El sentimiento de hermandad y de cortesía al recién llegado se ve menoscabado por la falta de recursos del gobierno local y la insuficiente capacidad de las organizaciones humanitarias para cubrir las necesidades de todos.  En general, la ayuda se destina a los recién llegados, dejando en un segundo plano a la comunidad residente que presenta las mismas carencias. En una sociedad con tales privaciones es entendible que se generen conflictos y  luchas de poder por el acceso a la ayuda.  Así mismo, los retornados llegan en muchos casos con limitada información y sin los mínimos recursos que les permitan empezar una vida digna en una tierra que dejaron en muchos casos por más de veinte años.  Los retornados se suman al gran número de personas en busca de un espacio donde vivir, un espacio para empezar una nueva vida en la madre tierra.

En un país agro-pastoral por excelencia, es evidente que el bien más preciado es la tierra.  El acceso a la tierra es el caballo de batalla de la gran mayoría de familias tanto desplazadas como retornadas. La tradición y las nuevas tendencias colapsan ante la falta de entendimiento y extendida corrupción en el país. Conforme a las costumbres tradicionales la tierra ha sido considerada un bien común, “bien de todos”.  Así lo reconocía y lo reconoce la nueva ley de tierras.  La apertura al mundo externo ha traído una serie de cambios en la interpretación sobre el derecho a la tierra. Actualmente dos sistemas coexisten y se enfrentan: la ley de tierras y la ley tradicional. Podemos afirmar que en el aspecto legal y social el tema de la tierra en Sudán del Sur se encuentra en un delicado momento de transición.

En este proceso de adaptación, son muchos quienes se ven afectados y privados de lo que consideran su ancestral derecho “acceder y trabajar la tierra”.  La tierra es la base de todo y así ha sido por generaciones.  En los últimos años la tierra ha adquirido valor monetario, algo que antes era impensable, incluso se ha convertido en un bien de propiedad individual, lo cual rompe todos los esquemas de una sociedad que consideraba a la tierra como un bien común y no comercial. El acceso a la tierra se regulaba por la pertenencia al clan.  En este sistema son los hombres los únicos con capacidad de acceder a la tierra para su uso y disfrute indefinido, pudiendo traspasar este derecho a sus herederos varones.

Los estudiosos, conservadores e  intérpretes de las costumbres tradicionales, dirían que la tierra no es considerada un bien en propiedad, le pertenece a todos los miembros del clan desde tiempos ancestrales.  La posesión/tenencia permanente y el traspaso ya sea como herencia o de acuerdo a otras formas tradicionales son los únicos derechos aceptados y reconocidos.

En este sistema tradicional las mujeres no tienen acceso a la tierra.  Su rol en la sociedad está claramente definido, siendo su función principal la procreación y la dedicación a labores domésticas.  En este sentido el clan debe conservar por siempre la tierra.  Las mujeres no son candidatas para acceder a la tierra en ninguna forma, pues ellas están obligadas a seguir los acuerdos matrimoniales que la familia elija. Se considera que una mujer podría casarse con un hombre miembro de otro clan, y por lo tanto no debería tener tierra en propiedad para evitar que ésta sea transferida a un clan distinto del suyo. Se entiende e incluso se puede aceptar que la tenencia de la tierra se limitase a los hombres en un tiempo en el que las sociedades se conformaban básicamente por clanes y donde la tierra era el elemento principal que aseguraba la supervivencia de los miembros de un determinado grupo.  Hoy en día es evidente que las sociedades en el mundo no se rigen – o al menos no se deberían regir – por estos principios. La legislación vigente en Sudán del Sur promueve el desarrollo de una sociedad igualitaria donde mujeres y hombres sean sujetos de los mismos derechos y obligaciones.

El acceso a la tierra es fundamental en este nuevo Estado pues, asegura no sólo un espacio para vivir, sino que es un elemento esencial de supervivencia.  La precaria situación de la gran mayoría de familias, así como su tradicional forma de vida les lleva a continuar con sus actividades agro-pastorales como único medio de supervivencia.  Si bien esto podría ser puesto en discusión en el siglo XXI, tenemos que entender que Sudán del Sur aún no ha entrado al siglo: sigue siendo un país donde la gran mayoría no tienen información o posibilidad alguna de acceder al mundo moderno.

El tema del acceso a la tierra es delicado, ya que se conjugan una serie de elementos políticos, económicos y sociales que hoy por hoy podemos decir que están en proceso de solucionarse.  La existencia de una nueva ley de tierras, con un reglamento casi finalizado, van dejando cada vez más claro que  la intención del gobierno es posibilitar el acceso a todo aquel que tenga un derecho adquirido dentro de los nuevos parámetros establecidos y a quien económicamente pueda acceder a ella.  A pesar de la existencia de la ley, es todavía una iniciativa incipiente.  Si bien la nueva ley asegura el acceso a la tierra a todos por igual sin distinción de género, está claro que el camino por recorrer es largo.  Las aristas por trabajar en este tema son muchas; la capacidad administrativa del gobierno es insuficiente, tanto por la falta de instalaciones como por la inadecuada formación de sus funcionarios públicos. De otro lado la falta de información y aceptación de la comunidad juega un rol esencial.  Tal como se mencionó anteriormente, Sudán del Sur es una sociedad de clanes que mayoritariamente respeta, valora, y acepta sus normas tradicionales y las decisiones de sus líderes tribales.

En este contexto una solución sostenible parece compleja y lejana.  Se requiere una progresiva adaptación de las costumbres y reglas tradicionales al nuevo Estado de derecho. Si bien el acceso tradicional de las mujeres a la tierra en Sudán del Sur sigue pautas similares en las diferentes tribus, es menester mencionar que la información recopilada está basada en la costumbre Dinka.

Los Dinkas son la etnia mayoritaria de Sudán del Sur.  Una sociedad agro-pastoral, dedicada principalmente al pastoreo de ganado y la producción de algunas variedades de granos, lo cual constituye la base de su dieta. En el último censo realizado en el estado sursudanés los Dinkas constituían el 18% del total de habitantes del país, siendo la tribu más grande.  Como la gran  mayoría de sociedades tribales no tienen una autoridad política centralizada y son básicamente un grupo de clanes interrelacionados, cada clan se rige bajo la autoridad de un jefe espiritual, conocido como Spear Master, y a la vez una serie de jefes de menor rango quienes generalmente son los más ancianos del clan. El liderazgo del Spear Master tiene componentes espirituales y divinos, de tal forma que se respeta la sucesión hereditaria del cargo.  La guerra, la inmigración, la paz, y el retorno han afectado los valores tradicionales de las sociedades tribales que se han deteriorado y confundido con las nuevas tendencias.

Al igual que la gran mayoría de las tribus en Sudán del Sur, los Dinkas no aceptan el derecho de la mujer a ser tenedora de la tierra en ninguna forma. Más allá de la necesidad de trabajar por una sociedad en equidad de derechos, debemos entender que las consecuencias de décadas de guerra son muchas.  En el caso de Sudán del Sur la guerra, el desplazamiento, los conflictos internos y el retorno, han dejado un incontable número de viudas y mujeres solas a cargo de sus familias.  Esta situación ha llevado a algunos cambios y pequeñas concesiones en el tema del acceso a la tierra desde el punto de vista tradicional.  Algunas mujeres han sido autorizadas por sus padres, hermanos o algún miembro masculino del clan a ocupar un pedazo de tierra.  En otros casos,  el clan o jefe de la tribu ha concedido tierra a aquellas viudas con hijos, cuyo padre o marido desapareció y fue miembro de dicho clan; en este caso la tierra es concedida temporalmente a la madre, con la incuestionable condición de que la tierra pase al hijo mayor cuando éste alcance la edad adulta.

El arraigo cultural, la presión social, y el altísimo número de mujeres sin un nivel educativo mínimo, hacen  imposible que la mayoría de mujeres en Sudán del Sur cuestione o reclame su derecho a la tierra.  La existencia de la ley escrita y el reconocimiento del derecho de la mujer a tener tierra y a ser propietaria se contradice con la realidad y las prácticas vigentes.  Hoy en día, el acceso a la tierra para la gran mayoría de mujeres en Sudán del Sur continúa siendo una excepción a la regla.

Desde las sociedades civiles organizadas y bajo el liderazgo de organizaciones de derecho existe un gran esfuerzo y una constante lucha por sensibilizar a la comunidad en este aspecto que constituye el elemento de supervivencia para las familias de Sudán del Sur. Al esfuerzo de la sociedad se le debe sumar la activa y decidida participación del Estado, pues sin su intervención, ningún cambio será sostenible.  Además de lo anterior, es necesario trabajar con los actores gubernamentales relevantes y miembros del poder judicial.  Se debe concienciar y formar a las futuras generaciones de legisladores y jueces para que juntos trabajen en la formación de un Estado igualitario.  Es fundamental que los ciudadanos de Sudán del Sur se identifiquen como miembros de una misma nación con derechos y obligaciones,  que el Estado de derecho y la separación de poderes se conviertan en una realidad.  El empoderamiento y la educación de las mujeres es una tarea prioritaria que está pendiente.

La sociedad debe aceptar y entender la primacía de la ley de tierras sobre la costumbre tradicional.  El derecho de propiedad debe ser garantizado a todos los ciudadanos por igual sin importar su sexo, o consideraciones de otro tipo.

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Posted in: Sudán del Sur