Elecciones de Primavera en Egipto y Libia: Una Fría Realidad

Posted on noviembre 29, 2012

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Por: Jorge Adrian Murillo Ferrer
Asistente de Investigación – Estudios Africanos
jorge.murillo@est.uexternado.edu.co

Los recientes resultados electorales en dos de los países protagonistas de lo que el mundo conoció como la “Primavera Árabe” no son tan alentadores como lo aspiraban las multitudes que en Egipto y Libia decidieron organizarse a lo largo de 2011 para poner fin a gobiernos de poca legitimidad y con intenciones de perpetuarse en el poder.

Más allá de la participación electoral de la que fueron testigos ambos países durante los meses de mayo y julio de 2012, el desarrollo de la democracia como sistema político y como valor no es algo que los nuevos representantes del pueblo entiendan por completo. Es cierto que el proceso de transición está iniciando y que éstos son los primeros pasos para la conformación de un Estado de Derecho consolidado, sin embargo, cuando ni siquiera se respetan los principios de soberanía popular, equilibrio de poderes y monopolio legítimo de la fuerza es casi imposible aplicar el concepto de democracia.

Estos, y otros grandes vacíos, son causa de los cuestionamientos actuales de los rebeldes de primavera que tratan de comprender si valió la pena levantarse contra la opresión de un régimen para ver el sol, o si, por el contrario, lo que aguardaba tras la caída de sus líderes era una fría realidad de invierno que reafirmaría que la revolución se quedó a medio camino y con mucho por discutir.

En primer lugar, en Egipto, la caída del ex -presidente Hosni Mubarak quien llevaba 30 años en el poder significó una amenaza fuerte al estatus e influencia de las Fuerzas Militares del país. Al menos, eso parecía desde el momento en que la Junta Militar, conformada el año pasado, anunció que habría elecciones libres bajo disposiciones de garantías materializadas por leyes del Asamblea Nacional como la Ley de Aislamiento[1] que estableció que ningún cargo político sería retomado por los altos cargos del anterior régimen.

Esto, implícitamente, significaba que ningún miembro del gabinete de Mubarak podría presentarse en los comicios, un buen indicio de un futuro gobierno libre de corrupción y de unas Fuerzas Militares con respeto por la autoridad civil y el Estado de Derecho. Sin embargo, semanas previas a las elecciones, las Fuerzas Militares, abogando la ejecución de un fallo del Tribunal Superior, cerraron la Cámara Baja y se atribuyeron los poderes del legislativo mediante “vías constitucionales”[2]. Lo que siguió era de suponerse. Las Fuerzas Militares, junto con el respaldo del Tribunal Superior, derogaron la ley de Aislamiento y permitieron la entrada a elecciones del candidato Ahmed Shafiq, ex -primer ministro de Mubarak[3].

Hasta este punto se puede ver una clase militar temerosa de perder el control, deseosa de mantener el status quo, irrespetuosa del poder civil y de la soberanía popular. Además, un poder judicial que ante todo da la impresión de estar plenamente viciado y defendiendo intereses políticos, irrespetando el balance de poderes y permitiendo la entrada de representantes del antiguo régimen.

Aún así, la odisea egipcia no termina aquí. En junio se llevaron a cabo las elecciones y, para el alivio momentáneo del lector deseoso del cambio y la justicia, el vencedor fue Mohamed Morsi quien obtuvo aproximadamente el 24% de los votos y venció a Shafiq en segunda vuelta por no más del 1% de diferencia[4].

¿Quién es este hombre? El actual presidente egipcio es islamista y cercano a los Hermanos Musulmanes. Aunque su discurso de campaña se basó en la legalidad institucional y no en la religión, los militares se basaron en la idea de la amenaza de la composición de un Estado Islamista si llegase a ganar. Debe tenerse en cuenta que estos dos sectores (militares e islamistas) son los que han luchado el poder de manera constante en Egipto. Mientras tanto, los candidatos liberales de la revolución como Hamdin Sabahi no lograron obtener representación para los gestores del cambio.

Pasado el 30 de junio, día en que Morsi asumió su cargo, inició tareas para reabrir la Cámara Baja que estaba compuesta por una mayoría islamista. Tras jubilar a dos miembros claves de la cúpula militar[5], el actual presidente se atribuyó el poder legislativo teniendo ya la capacidad de reabrir el Congreso.

En resumidas cuentas, el actual presidente egipcio, que tiene disposiciones dictatoriales de facto, no representa más que la continua lucha existente entre la clase militar y la islamista. Esta vez, claro está, los militares han sentido un cambio fuerte en sus capacidades de control e influencia, pero ¿qué tanto cambia la situación para los que iniciaron la revolución? Si la institución del poder legislativo no existe, técnicamente no hay representación de la soberanía popular, se viola el equilibrio de poderes y, al final del día, se mantiene el status quo puesto que los acuerdos y las decisiones siguen siendo tomadas por esos dos sectores de la élite política que no tienen en cuenta terceros a la hora de redistribuir su poder. Así, no se puede hablar ni de democracia ni de primavera en Egipto.

En segundo lugar, el caso de Libia es muy ilustrativo respecto a la ingenuidad que representa la ambición de construir una democracia parlamentaria antes de haber consolidado características esenciales del concepto de Estado mismo. Tras el asesinato de Muammar Al-Gadhaffi, el Concejo Nacional de Transición (CNT) no ha sido efectivo en su tarea de reagrupar a la nación libia, finalizar los procesos de rebelión y comprometer a la sociedad con las finalidades de la transición. El Estado libio no tiene el monopolio de la violencia, actores reconocidos actualmente como los federalistas[6], se encuentran replegados en Bengazi y, armados con las armas de milicias que recibieron el apoyo de la OTÁN en su momento, se niegan a la actual organización política exigiendo más autonomía respecto a Trípoli.

Esta situación de orden público a nivel interno, aunque no es única en el mundo, pone en duda la legitimidad del gobierno y desafía la gobernabilidad del mismo, entendida como la capacidad para tomar decisiones y que dichas decisiones sean acatadas a lo largo del territorio nacional en el cual se tiene jurisdicción, y teniendo efectos obligatorios sobre la población. Si eso no ocurre, entonces hay una clara debilidad de Libia en sus funciones como Estado.

A nivel institucional, el poder ya fue otorgado al Parlamento[7], cuya mayoría de escaños quedaron a disposición de la Alianza Fuerza Nacional, encabezada por Mahmud Yibril, quien fue parte del CNT durante 2011[8].  El 10 de agosto, el Congreso General de la Nación eligió a Mohamed al Megarif como presidente interino hasta 2013[9], año en que se realizarán nuevas elecciones bajo una nueva constitución. Mucho queda de camino entonces para Libia antes de poder decir que su primavera ha visto salir el sol.

 En conclusión, el proceso de revolución en Egipto y Libia no puede detenerse con las elecciones. Si se permite que así sea, el status quo prevalecerá y no habrá apropiación de los principios de una democracia ni de un Estado de Derecho.


[1] Carbajosa, Ana; González, Ricard. “El Ejército egipcio asume el legislativo tras la disolución del Parlamento”. 14 de junio de 2012. El País. Disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/06/14/actualidad/1339677072_242973.html

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] González, Ricard. “El Constitucional egipcio anula el decreto con el que Morsi reabrió el Parlamento”. 10 de julio de 2012. El País. Disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/07/10/actualidad/1341905951_403257.html

[5] El Espectador. “Egipto: Morsi de aleja de los militares”. 12 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.elespectador.com/impreso/internacional/articulo-366992-egipto-morsi-se-aleja-de-los-militares

[6] Parreño, Antonio. “Las elecciones en Libia, un complicado rompecabezas difícil de resolver”. TVE. 7 de julio de 2012. Disponible en: http://www.rtve.es/noticias/20120707/elecciones-libia-complicado-rompecabezas-dificil-resolver/543421.shtml

[7] BBC Mundo. “Libia: devuelven el poder al Congreso General de la Nación”. 9 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/08/120808_ultnot_libia_poder_congreso_en.shtml

[8] BBC Mundo. “Libia: bloque liberal encabeza escrutinios de las elecciones de julio”. 17 de julio de 2012. Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/07/120717_ultnot_resultados_elecciones_libia_bd.shtml

[9] Informador. “Enemigo de Gadhafi, nuevo presidente interino de Libia”. 10 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.informador.com.mx/internacional/2012/396533/6/enemigo-de-gadhafi-nuevo-presidente-interino-de-libia.htm

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