El Sahara Occidental: ¿En busca de un consenso improbable?

Posted on noviembre 1, 2012

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Por: Eric Tremolada Álvarez, PhD
Profesor e Investigador en Derecho Internacional
Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad Externado de Colombia
eric.tremolada@uexternado.edu.co

Si bien la futurología en relaciones internacionales es un salto al vacío, desde un principio no ha sido difícil inferir que las posibles soluciones a la problemática del Sahara Occidental, conforme al derecho internacional público, son dos y éstas son excluyentes, o se da el reconocimiento internacional de la soberanía marroquí o por el contrario, con fundamento en el principio imperativo de autodeterminación se define la cuestión por referéndum. Sin embargo, estas soluciones implican necesariamente consenso entre los sujetos involucrados y la comunidad internacional, más si las discusiones se vienen orientando hacia una vía intermedia, aceptación que en 36 años no se ha alcanzado y que explicaremos principalmente con el auxilio de los trabajos de los profesores Hernando de Larramendi y López García.

Una de las tantas razones que explican esta dificultad de encontrar consensos se remonta a 1976, cuando los españoles se retiran del Sahara Occidental, hecho que para el gobierno marroquí se convierte en la conclusión de un proceso descolonizador demandado por Naciones Unidas[1] durante 10 años y, que se traduce en la división de la ex colonia en dos regiones, la del Tiris el Gharbia controlada por Mauritania y la región de Saguia El-Hamra que administraría Marruecos.  Como nos lo recuerda Miguel Hernando de Larramendi, el gobierno marroquí situaba la cuestión en una lógica interna “vinculando el desarrollo económico y la reincorporación del territorio a Marruecos en el marco de la política de ordenación territorial gestionada por el Ministerio del Interior”, toda vez que el pueblo saharaui había ejercido su derecho a la autodeterminación a través de la Yama ‘a, asamblea de chuyuj o notables saharauis creada por la administración colonial española en los años sesenta, interpretando la retirada española del Sahara Occidental como una restitución del mismo a Marruecos en virtud de sus derechos históricos sobre el territorio[2].

De 1976 a 1978 en la región de Saguia El Hamra, incorporada desde un inicio a la estructura administrativa de Marruecos, se crearon las provincias de El Aaiún, la de Smara y la de Boujdour y, en 1979, cuando Mauritania se retira de Tiris el Gharbia se crea una cuarta provincia la de Oued-Ed-Dahab que Marruecos legitima como suya gracias a la aquiescencia de los notables tribales saharauis[3].

Sin soluciones a la vista y ante la inminente perpetuación de un conflicto que podría amenazar el régimen monárquico[4], luego de la cumbre de la Organización para la Unidad Africana (OUA) de 1981 en Nairobi, Hassan II propone una alternativa de descentralización administrativa que se consolidaría mediante un referéndum confirmativo. Referéndum que no discutiría la autodeterminación sino que por el contrario en el marco de un Estado unitario y soberano se aprobaría una regionalización similar a la de los Länder alemanes que se entendía aceptable para la comunidad internacional y atractiva para el pueblo saharaui[5]. Las críticas a la propuesta aparecieron tempranamente e intentaron sortearse en el último trimestre de ese año, mediante la creación de un Consejo Consultivo para los Asuntos Saharianos, que ayudaría a cristalizar la descentralización en las provincias del Sahara  Occidental “en un marco de respeto a las costumbres y tradiciones específicas  de sus habitantes”[6]. Para el monarca marroquí, como lo cita Jensen,  “todo era negociable salvo el sello y la bandera”, más cuando en 1984 la OUA admite a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como país miembro[7].

La descentralización como tercera vía sólo fue discutida por las partes hasta 1989 cuando en Marrakech una delegación del Frente Popular para la Liberación de Saguía el-Hamra y de Río de Oro (Frente Polisario) dirigida por el segundo a cargo, Bachir Mustafa Sayed se entrevistó con el rey Hassan II. No obstante, la solución federal que otorgaría a los saharauis la administración de la región y a Marruecos la soberanía se congeló por las resistencias políticas tanto en Rabat como en  los campamentos de Tindouf[8].

Llegados los noventa y las transformaciones del orden internacional, con ocasión del Plan de Paz de Naciones Unidas de 1991, se dieron nuevos encuentros entre el Frente Polisario y Marruecos que aceptan la celebración de un referéndum de autodeterminación en enero de 1992, consulta que desde ese entonces sigue bloqueada por el desacuerdo en la definición del cuerpo electoral con derecho a voto[9]. Ambas partes pretenden un censo a la medida, los saharauis fundamentados en el que realizó España en 1974 y los marroquíes con su estrategia de agrupar en una misma región territorios del Sahara Occidental con otros del sur de Marruecos.

En 1996, unos meses antes del anuncio público del proceso de regionalización en Marruecos, entre el entonces príncipe heredero Mohammed VI y dos representantes del Frente Polisario, Bachir Mustafa Sayed y Brahim Ghali, se dio un encuentro secreto que desclasificó diez años después el semanario Le Journal Hebdomadaire y que Bernabé López califica de esencial, toda vez que mostraba que la vía alterna seguía viva.  En 1997, James Baker, ex Secretario de Estado y enviado personal del secretario general de Naciones Unidas propició, sin mucho éxito, una serie de acercamientos con miras a lograr la aplicación del denominado Plan de Arreglo[10]. Por su parte, la regionalización anunciada y llevada a cabo en 1997 se centró fundamentalmente en lo administrativo, y no atribuía prerrogativas de autogobierno, contribuyendo muy poco a los esfuerzos en materia de acercamiento.

Finalizando la década de 1990 llega al poder Mohammed VI e inicia el nuevo siglo sin que las partes muestren interés de alcanzar consensos, pese a que fue hecha pública la lista provisional de votantes que reconocía como saharauis con derecho a voto en el referéndum a 86.000 personas de los 198.000 candidatos entrevistados por la Comisión de Identificación[11]. Los contactos del año 2000 inician en Londres con escasos resultados que se ven incrementados con las conversaciones en Ginebra y Berlín que arrojan la disposición de Marruecos de entablar un diálogo directo, tanto sobre la aplicación del Plan de Paz como sobre la búsqueda de una solución política[12].

Así, como nos lo recuerda López García, en la primavera de 2001, el enviado especial James Baker hizo público el “Acuerdo Marco sobre el estatuto del Sahara Occidental”, que incluía las posibles transferencias de poder que Marruecos concedería a una autonomía provisional de cuatro años, con competencias en “administración gubernamental local, presupuesto y tributación territorial, ejecución de la ley, seguridad interna, bienestar social, cultura, educación, comercio, transporte, agricultura, minería, pesca e industria, política ambiental, vivienda y desarrollo urbano, agua y electricidad, carreteras y demás infraestructura básica”[13]  Este Acuerdo Marco, rechazado por el Frente Polisario y Argelia, conocido como Plan Baker I, proponía la trasmisión de la autoridad a los habitantes del territorio durante un período de cuatro años, al término del cual sería decidido el estatus final del territorio a través de la celebración de un referéndum de autodeterminación en el que podrían votar también los colonos marroquíes asentados en el territorio que llevaran residiendo en el mismo al menos desde un año antes[14]. El derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación y a la independencia explica la oposición plena del Polisario al Plan Baker I, y el rechazo de Argelia, expresado en la carta del 22 de mayo de 2001 del presidente argelino dirigida al secretario general de Naciones Unidas,  se centra en resaltar varios fallos del Acuerdo, en el hecho de que la proposición “privilegia una sola salida, la integración del Sahara Occidental en el Reino de Marruecos” y que la combinación entre saharauis y demás habitantes del territorio que hace el Plan concluiría con “la desaparición de la especificidad saharaui, del concepto de entidad saharaui y la noción misma de pueblo saharaui”[15].

Casi dos años después[16], el que rechaza el Plan de Paz para la Autodeterminación del pueblo del Sahara Occidental, segunda versión del Plan Baker, fue Marruecos, oponiéndose a la solución política planteada, calificada de óptima por el Consejo de Seguridad[17]. Ésta mantenía los aspectos fundamentales del Acuerdo Marco, sin embargo, las reservas marroquíes se centraban en que el censo electoral para elegir las autoridades ejecutiva y legislativa excluiría a los residentes no saharauis, se resistía a delegar competencias en materia de relaciones exteriores, no comulgaba con la descentralización en materia de justicia, impropia para un régimen centralista como el marroquí, y además, tener que soportar la campaña de propaganda a favor de la independencia del territorio durante el período de cinco años de autonomía antes del referéndum[18]. El Frente Polisario también expresó reservas, en este caso iniciales, particularmente por lo excesivo del lapso para realizar el referéndum y por el establecimiento de una administración saharaui manteniendo las autoridades de la ocupación. No obstante, terminó por aceptar oficialmente el plan una vez conoció la valoración positiva de los argelinos[19].

Así, la estrategia del Gobierno marroquí transita de la conclusión de un proceso descolonizador con el retiro de los españoles del territorio, a defender la tesis de la autonomía como el resultado final del proceso y no como una fase previa a la celebración del referéndum de autodeterminación. Esta vía ecléctica para las pretensiones excluyentes de las partes, presentada a finales del 2003 a Naciones Unidas, a su entender cerraría la cuestión de la libre determinación[20].

Los siguientes años se caracterizaron por un creciente activismo que desencadenó los disturbios de 2005 y que como nos lo precisa Hernando de Larramendi, reorienta su lucha “hacia el terreno de los derechos humanos reivindicando cada vez más abiertamente la independencia”. Marruecos insiste en la vía de la autonomía ampliada, formalizando en 2007 una nueva propuesta a Naciones Unidas, manteniendo su disposición al diálogo directo cuyo resultado final sería sometido a referéndum. La propuesta con el propósito de brindar garantías y estabilidad dentro del ordenamiento jurídico nacional incluía reformar la Constitución marroquí[21].

Entre 2008 y 2010 el debate se centró en la creación de un Consejo Consultivo sobre la Regionalización no sólo del Sahara Occidental sino también para otras regiones, como el norte, que aspiran a ver concretados sus particularismos culturales y lingüísticos. Consejo que sólo se cristaliza con ocasión del retorno a El Aaiún de la activista saharaui Aminatú Haidar tras la huelga de hambre que había llevado a cabo en el aeropuerto de Lanzarote.

Hace poco más de un año, al celebrar el trigésimo quinto aniversario de la marcha verde[22], Marruecos consolida una nueva reorganización administrativa, que permite desvanecer al Sahara como Región dentro del país y que se traduce en 13 nuevas provincias entre ellas la de Tarfaya que es apartada de la provincia de El Aaiún.

Luego de un período inicial de aproximadamente catorce años de propuestas excluyentes y otro de 22 discutiendo la celebración del referéndum, lo más cercano para alcanzar un consenso entre las partes gira alrededor de la aceptación del Frente Polisario y Argelia del segundo plan Baker, estableciendo una administración saharaui, manteniendo parte de las autoridades marroquíes, conjugándolo con la vía de la autonomía ampliada con garantías constitucionales propuesta hace cinco años por el Gobierno marroquí. Conjugación que se debe entender como un periodo de transición previo a un referéndum que decida entre la independencia y la integración con Marruecos. Sin embargo, esto no es nada nuevo y más allá  de renunciar a lo absolutista de ambos planteamientos, estamos matizando el acuerdo de arreglo aceptado el 30 de agosto de 1988 por Marruecos y el Frente Polisario que originó en 1991 la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (MINURSO)[23].

En todo caso el tiempo, a nuestro entender, facilita la estrategia marroquí de desvanecer el Sahara Occidental como región dentro del país, de ahí que la comunidad internacional y por supuesto el Frente Polisario, con cierto  pragmatismo, deban ahondar en las alternativas jurídicas que ofrece Marruecos para garantizar una autonomía ampliada.


[1] Véase: Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas 2229 (XXI) del 20 de diciembre de 1966.

[2] Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos (REIM), Nº. 9, 2010. Consultada el 22 de febrero de 2012 en : http://sites.google.com/site/teimrevista/numeros/numero-9/el-sahara-occidental-como-factor-de-impulso-del-proceso-de-descentralizacion-marroqui#_edn6

[3] Ibídem

[4] Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel.  Articulación entre política interior y política exterior en el Magreb: el caso de Marruecos, Tesis doctoral, Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid 1994, pp. 631-666

[5] Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. op. cit. P.3

[6] López García, Bernabé y Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. “Sahara y regionalización en Marruecos” en Eduardo. Moyano y Thierry  Desrues (eds.), Cambio, gobernabilidad y crisis en el Magreb, Colección Politeya, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Córdoba 1997, pp. 81-95

[7] Jensen Erik, Western Sahara: Anatomy of a Stalemate, Rienner, 2005, p. 33

[8] López García Bernabé, Iniciativas de negociación en el Sahara Occidental: historia de la búsqueda de una “solución política” Real Instituto Elcano, ARI Nº 85/2007. Madrid 23de julio de 2007

[9] Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. op. cit. P.4

[10] López García Bernabé, Iniciativas de negociación en el Sahara Occidental: historia de la búsqueda de una “solución política”. Op. Cit. P. 2

[11] Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. op. cit. P.6

[12] Informe del Secretario General S/2000/1029 del 25 de octubre de 2000.

[13]Informe del Secretario General S/2001/613 del 20 de junio de 2001.

[14]Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. op. cit. P.6

[15] Anexo II.B del Informe del Secretario General S/2001/613 del 20 de junio de 2001

[16]El Gobierno marroquí dirigió, en este sentido, una nota verbal  el 10 de marzo de 2003 a James Baker.

[17] Resolución 1495 (2003) del Consejo de Seguridad

[18]Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. op. cit. P.7 y López García Bernabé, Iniciativas de negociación en el Sahara Occidental: historia de la búsqueda de una “solución política”. op. cit. P. 4

[19] López García Bernabé, Iniciativas de negociación en el Sahara Occidental: historia de la búsqueda de una “solución política”. op. cit. P. 4

[20] Hernando de Larramendi  Martínez, Miguel. La cuestión del Sahara Occidental como factor de impulso del proceso de descentralización marroquí. op. cit. P.7

[21] Ibídem

[22] A raíz de la resolución 3458 B del 10 de diciembre de 1975 de las Naciones Unidas, que ratificaba el reconocimiento del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, Marruecos envió a unos 350.000 ciudadanos y 25.000 soldados para invadir el por entonces territorio español, de modo que apoyasen y legitimasen la anexión.

[23] Véase Resolución del Consejo de Seguridad 690 del 29 de abril de 1991

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