Cuba y África: Política Exterior cubana en África

Posted on noviembre 1, 2012

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Por: Ana María Moreno
Asistente de Investigación – Estudios Africanos
ana.moreno01@est.uexternado.edu.co  

Cuba es uno de los pocos países del continente americano que ha considerado a África como una prioridad en su política exterior desde hace décadas. Como consecuencia, las relaciones entre La Habana y algunos gobiernos africanos han sido de las más fuertes, fluidas, amistosas y fructíferas de América Latina. Tiempo atrás, el tráfico de esclavos desde África logró la posterior inclusión de las prácticas y estructuras sociales africanas en el país; antes de la abolición de la esclavitud en 1888, Cuba se encargó de establecer  al “negro” como un elemento del proceso mismo de formación del Estado-nación. Es por esto que la influencia africana se ve claramente reflejada en la literatura, las artes, la música, la política y otros elementos socio-políticos y culturales característicos de Cuba.

Este fuerte reconocimiento a la “africanía” que ha llegado hasta nuestros días, sirvió de contexto para el establecimiento de las relaciones entre el gobierno cubano y África, materializándose a través del convenio firmado con la República de Guinea en 1960 que da inicio a la nueva concepción de las relaciones políticas y de cooperación con el continente africano. Sin embargo, existe un gran debate frente al acercamiento de Cuba con África que oscila entre dos posiciones radicalmente diferentes. Una primera visión netamente idealista que sostiene que La Habana se acerca a África para honrar la deuda contraída al recibir la colaboración de tantos países y pueblos a lo largo de su historia[1], y una segunda de corte reaganiano que señala la presencia cubana en África – principalmente en su dimensión militar – como ilegítima, subversiva y contraria a la seguridad y la paz internacional[2].

En medio de esta dicotomía surgen los principios sobre los cuales se basa la política exterior cubana frente a África: “el internacionalismo, el antiimperialismo, la solidaridad y la unidad entre los países del Tercer Mundo”[3].

Esta espina dorsal se ve plasmada en los discursos e intervenciones que las delegaciones cubanas realizan en diferentes foros multilaterales, incluso el mismo Fidel Castro ha utilizado ampliamente esta terminología para referirse a las relaciones cubano-africanas: “creo que la solidaridad de Cuba con los pueblos hermanos de África no es suficientemente conocida. Esa página de la historia merece serlo, aunque sólo sea como estímulo a los cientos de miles de mujeres y hombres, combatientes internacionalistas”.[4]

No obstante, el móvil altruista de la política exterior cubana debe ser observado con ojos críticos para no caer en sensacionalismos ni posiciones ideológicas. Para estos efectos, debe entenderse la política cubana desde dos concepciones según el espacio-tiempo: antes de la caída de la Unión Soviética desde el neorrealismo ideológico y en el período posterior desde el institucionalismo periférico.

Sobre el primer marco teórico, se debe mencionar que el gobierno cubano comprendió que la supervivencia de su gobierno y, “en líneas más generales, el alcance osado y amplio de la política exterior cubana se cimentaba en su alianza con la Unión Soviética”[5]. La política cubana adoptaba una posición neorrealista[6], debido a que esta alianza tenía como objetivo contrarrestar el poder de Estados Unidos en el Sistema Internacional. Así mismo, el nexo antiimperialista cubano-soviético le prestó un soporte importante a la isla en términos de movilidad internacional y de posición económica fuerte en el ámbito regional.

En este orden de ideas se puede ver cómo Cuba, desde el 1959 hasta 1991, estructuró su política exterior mediante una oposición ideológica a la política estadounidense. En los primeros años de la revolución se entablaron múltiples esquemas de solidaridad – no de confrontación – en el llamado tercer mundo, sumados a varios apoyos dados a diferentes movimientos de liberación nacional[7]. Esta solidaridad se ve plasmada en África de dos maneras: la primera, de carácter militar, fuertemente conectada con las dinámicas de conflicto Este-Oeste y con la visión neorrealista del gobierno de Castro; y la segunda, de carácter civil, conectada principalmente con los pilares del internacionalismo y la solidaridad de la política exterior cubana.

La primera de ellas, la dinámica militar, fue el espacio que captó de manera más efectiva y contundente la atención nacional e internacional, siendo objeto de incontable literatura tanto académica y periodística como especulativa. Este aspecto cobró especial importancia debido a la misión militar cubana en Angola, específicamente con la famosa Batalla de Cuito Cuanavale en 1988. El CEAMO (Centro de Estudio de África y Medio Oriente de La Habana) se refiere a la contienda así: “La decisiva derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale por las fuerzas angoleñas y cubanas, contribuyó a derrumbar la imagen invencible de los blancos sudafricanos y estimuló la propia lucha dentro del país oprimido”[8]. Esta derrota del ejército blanco sudafricano fue un duro revés para la política estadounidense en África como bien lo admitió el embajador de ese país en la ONU, Andrew Young, al referirse a las tropas cubanas como un factor estabilizador en Angola[9].

Ahora bien, estos eventos no son los únicos dentro de la estrategia del “internacionalismo tercermundista” cubano que se ha venido gestando en La Habana desde hace varias décadas. En 1960, más de 100.000 profesionales de la salud cubanos han servido en 101 países del mundo y más de 21.000 estudiantes de África, América Latina y el Caribe asisten actualmente a las escuelas de medicina en Cuba[10]. En África, la magnitud de este tipo de cooperación ha sido enorme, y el caso más diciente lo constituye Gambia, país que antes de la implementación del Programa Integral de Salud (PIS) cubano, tan sólo contaba con 18 doctores gambianos, cifra que aumentó hasta 158 gracias al PIS. Además de lo anterior, las tasas de mortalidad del país bajaron de 121 muertes por cada 1000 nacimientos en 1998 a 61 en el 2001[11].

Ahora bien, ¿qué beneficios le ha traído esta cooperación a Cuba en materia de política exterior?, ¿de qué forma África le ha ayudado a Cuba? Pascal Onguemby, embajador de la República del Congo en Cuba y decano del cuerpo diplomático africano acreditado en La Habana resume los elementos claves de esta pregunta: “el continente aún no posee el desarrollo necesario  para poder ayudar a Cuba en sus dificultades, derivadas del inhumano e injusto bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, pero le da su amor y su alma, y esto, indicó, se expresa en el apoyo unánime que le brinda en los organismos internacionales, como signo de gratitud.”[12]

Es en la dimensión política-diplomática donde el gobierno cubano encuentra su compensación. En consecuencia, para explicar este punto de forma más clara deben retomarse los marcos teóricos establecidos al comienzo del documento: el neorrealismo y el institucionalismo. El institucionalismo se instaura en la isla con la caída de la Unión Soviética y que se traduce en un período en el cual Cuba se enfrenta a su peor crisis desde que comenzó el proceso revolucionario. Para 1989, la Unión Soviética absorbía el 60% de las exportaciones cubanas y proveía el 68% de las importaciones[13]. Dos años después, en el amanecer de la década de 1990, la crisis comercial y económica en la que se sumergió el país fue de tal magnitud que aún hoy muestra un sector comercial que nunca logró reponerse, en parte, debido a la debilidad del aparato productivo cubano y su falta de competitividad a nivel internacional.

La crisis además, se sustenta en la actual falta de complementariedad entre las economías africanas y la cubana, aspecto que llevó a un real estancamiento en materia de relaciones comerciales. En el caso del principal socio comercial de Cuba, Argelia, a quien en 2003 exportó bienes y servicios por un valor de $5,67 millones de dólares e importó un total de $51,78 millones de dólares, para 2007 las exportaciones habían descendido a $5,16 millones y por su parte, las importaciones aumentado a $259,35 millones[14]. Se debe añadir que la mayoría de las transacciones se realizan a través de intercambios no monetarios: Cuba le facilita a Argelia tecnología sanitaria y equipos médicos y a cambio recibe petróleo y sus derivados[15].

En contraposición, la isla cuenta con 31 embajadas[16] en África, mantiene relaciones con 54 de los 55 países que la componen y utiliza la mayor cantidad de su presupuesto para cooperación en misiones hacia África[17]. En realidad, con todo lo paradójica que pareciera ser esta radiografía, la cooperación hacia el continente ha llegado a tal punto que en el decenio 1990-2000, época de crisis para la isla, el gobierno cubano recibió y otorgó el mayor número de solicitudes de ayuda social – entiéndase médica, educativa, de desastres -. Ejemplo de esto fue la solicitud del Primer Ministro de Argelia Ahmed Ben Bella para que Cuba colaborase con personal médico en territorio argelino, lo que dio pie para que otros cien gobiernos realizaran las mismas peticiones: 6 en la década de 1960, 22 en la de 1970, 11 en la de 1980, 47 en la de 1990 y 15 desde el año 2000.[18]

Así mismo, Cuba, a pesar de perder relevancia estratégica en el Nuevo Orden Mundial, pasó a ser percibido por la mayoría de la comunidad internacional como un Estado diferente y ya no como un Estado enemigo. “El gobierno cubano respondió al desplome de la Unión Soviética […] reduciendo los gastos de su extensa política exterior, ajustando su economía y elaborando una estrategia institucionalista de reinserción internacional.”[19]

Es importante tener en cuenta que el neorrealismo concibe las instituciones como representaciones de la distribución de poder en el planeta y como explicación de esto: “los Estados más poderosos en el Sistema crean y moldean las instituciones para mantener así su tajada en el poder mundial”[20]. Esos preceptos neorrealistas llevaron a Cuba a convertirse en el país del sur más activo en el desarrollo de mecanismos de concertación internacional que hicieran contrapeso a aquellos que estaban controlados por Occidente, y muestra de ello es su participación en la formación de los NOAL y del G-77. A lo anterior se suma una repatriación de todas sus tropas de África – Etiopía 1989 y Angola 1991 -, que condujo a que, para 1992, Cuba lograra un respaldo casi absoluto en la Asamblea General de las Naciones Unidas condenando el embargo estadounidense.

Esta adhesión a la causa cubana continúa teniendo éxito. En octubre de 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas instó al gobierno estadounidense a terminar con el embargo económico, comercial y financiero por decimoctavo año consecutivo. Esta resolución se adoptó con 187 votos a favor, 3 en contra (Estados Unidos, Israel y Palau) y 2 abstenciones (Islas Marshall y Micronesia)[21]. Definitivamente, el papel de los países africanos ha sido ingente. En Sudáfrica, el presidente de la Asamblea Nacional Max Sisulu se refería al tema de esta forma: “The international struggle for the freedom of the five Cuban antiterrorist unjustly incarcerated in the United States will succeed.”[22] Las menciones de apoyo se suceden por todo el continente africano y Cuba continúa prestando sus servicios a la causa de África y del sur en general.

Las motivaciones de la inserción cubana en África no se pueden, entonces, analizar desde un esquema costo-beneficio porque la ganancia económica para Cuba ha sido limitada. Así mismo, la presencia cubana en África se puede caracterizar como coherente, inmutable y adaptable[23] en la medida en que es redituable en términos políticos como estrategia de supervivencia del sistema y como medida anti-aislacionista en el Sistema Internacional. En consecuencia, la política exterior de La Habana le ha significado ocupar un lugar prioritario en las relaciones de África con América Latina y le ha garantizado al mismo tiempo todos los apoyos que la isla ha necesitado en el ámbito multilateral durante las últimas décadas, incluso luego del fin de la Guerra Fría.


[1] Espinosa, Eugenio. “La cooperación internacional en las relaciones internacionales de Cuba.” En: La Gobernabilidad en América Latina: balance reciente y tendencias a futuro. Los 43 aportes más representativos de las unidades académicas de la FLACSO en el 2004 (formato CD). FLACSO, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Secretaría General, Sede Cuba FLACSO, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Secretaría General. 2005. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/cuba/flacso/caram.pdf

[2] González López, David, op.cit.

[3] Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. “El Ministerio.” Disponible en: http://www.cubaminrex.cu/Ministerio/ministerio.htm

[4] Entrevista de Ignacio Ramonet a Fidel Castro Ruiz. En: Egremy, Nidia. “Después de Fidel ¿Qué?” Ciudad de México. Septiembre de 2006. Disponible en: http://www.voltairenet.org/article143532.html

[5] Tulchin, Joseph S. y Espach, Ralph H. (eds.) “América Latina en el Nuevo Sistema Internacional.” Edicions Ballaterra. Serie General Universitaria. Barcelona. 2004, p.257.

[6] Acorde a esta teoría los Estados son posicionales y buscan maximizar sus ganancias relativas, además éstos se comportan como actores racionales y unitarios que están constreñidos por la lógica de la anarquía. Véase: Mearsheimer, John. “The False Promise of International Institutions,” En: International Security, Vol. 19. N.3. Invierno. 1994/1995, p. 10.

[7] Menéndez, Dayana. “Cuba y África, historia común de lucha y sangre.” En: Ceamonitor, vol. 6, no. 1. CEAMO, Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente: Cuba. Enero. 2009. Disponible en: http://www.clacso.org.ar/difusion/secciones/programa-de-cooperacion-sur-sur/Descargables/ceamonitor-oct-2006.htm

[8] Benítez, Roger. “Cuba en la liberación de los pueblos africanos: la lucha antiapartheid.” En: CEAMOnitor, vol. 6, no. 3. CEAMO. Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente: Cuba. Marzo. 2009. Disponible en: http://sala.clacso.edu.ar

[9] González López, David (1), op.cit.

[10] Medical Education Cooperation with Cuba. “Cuba & the Global Workforce: Health Professionals Abroad.” Disponible en: http://www.medicc.org/ns/index.php?p=0&s=12

[11] González López, David (1), op.cit.

[12] Duflar Amel, Juan. “La revolución y Fidel cambiaron las relaciones con África.” Embajada de Cuba en Egipto. Diciembre de 2007. Disponible en: http://emba.cubaminrex.cu/Default.aspx?tabid=16292

[13] Tulchin, Joseph S. y Espach, Ralph H. (eds.), op.cit.

[14] Véase el Anexo: “Cifras de Comercio con Países Africanos” al final del documento.

[15]  “Raúl llega a Argelia, histórico aliado en África desde los años 60.” Argel.EFE. Febrero de 2009. Disponible en: http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/alba/46941

[16] Anexo, op.cit.

[17] González López, David (1), op.cit.

[18] Medical Education Cooperation with Cuba, op.cit.

[19] Tulchin, Joseph S. y Espach, Ralph H. (eds.), op.cit.

[20] Grieco, Joseph M. “Anarchy and the Limits of Cooperation: A Realist Critique of the Newest Liberal Institutionalism.” En: David A. Baldwin (ed.), en Neorrealism and Neoliberalism. New York. Columbia University Press. 1993, p. 124.

[21] Página Oficial de la Organización de las Naciones Unidas en Cuba. “Cuba: Asamblea General reitera condena a embargo.” Octubre de 2009. Disponible en: http://www.onu.org.cu/es/ver_noticias.asp?id=1975

[22] South African Parliament Leader Expresses his Support for the Cuban Five.” Cuban Agency News. Disponible en: http://www.trabajadores.cu/news/2009/11/25/south-african-parliament-leader-expresses-his-support-for-the-cuban-five/

[23] González López, David (1), op.cit.

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