Cooperación Científica y Tecnológica de Argentina con Angola y Mozambique

Posted on noviembre 1, 2012

0



Por: Rodolfo Calalongo
Profesor e Investigador – Universidad Externado de Colombia
rodolfo.calalongo@uexternado.edu.co

 

A principios de 2012, el canciller argentino Héctor Timerman viajó a Luanda en el marco de la misión político-comercial argentina a la República de Angola para reunirse con su par angoleño Georges Chicoty. Los cancilleres repasaron la agenda común y resaltaron las posibilidades de la cooperación técnica bilateral, especialmente en transferencia de tecnología agropecuaria, producción de alimentos y fabricación de fármacos. En este marco, el canciller argentino mencionó que “la Argentina no persigue solamente el aumento de sus exportaciones en su relación con otros países en desarrollo, sino que desde una concepción de cooperación Sur-Sur, trabaja activamente para que se recupere la autosuficiencia alimentaria de varios países en desarrollo que eran tradicionales productores a partir de la adquisición de tecnologías avanzadas que hoy se utilizan en la Argentina”.

El encuentro entre ambos cancilleres se dio en el marco de las políticas de Cooperación Sur-Sur que viene promoviendo la República Argentina como un modo de relacionamiento con los países de África en general y los del África Austral[1] en particular. Este tipo de cooperación es entendida como “la transferencia de conocimientos y experiencias nacionales hacia países en desarrollo que contribuye a los procesos de crecimiento económico y social, fortalece y consolida relaciones bilaterales y promueve el intercambio científico, tecnológico y técnico” (Morasso, 2012).

Antes de comenzar con el desarrollo de la cooperación científica-tecnológica[2] entre Argentina y la región de África austral, es necesario hacer un breve repaso de las relaciones argentino-africanas, al menos, de los últimos 40 años.  Para ello tomaremos como guía los aportes hechos por la Dra. Gladys Lechini, conocida experta en temas de África y sus relaciones con Argentina y Brasil:

1. África Subsahariana no es una prioridad en las relaciones externas argentinas, ya que tiene una escasa densidad de relaciones y falta de continuidad entre los distintos gobiernos argentinos tanto en el diseño de estrategias como en el accionar frente a la región. Por ello, la autora, prefiere hablar de “acciones externas argentinas” y no de política exterior, ya que considera que las mismas están enmarcadas dentro de lo que denomina como una “Política por impulsos” hacia África.

2. En relación con el proceso de toma de decisiones y su bajo perfil “muchas de las iniciativas de acercamiento bilateral o multilateral (en el marco de los No Alineados y Naciones Unidas) se debieron en general a la buena voluntad e imaginación de los funcionarios a cargo del área, tanto en la Cancillería como en la entonces Secretaría de Industria y Comercio Exterior, o a la presión y activismo de algún empresario con posibilidades de hacer negocios en el África.  La excepción la constituyen la ruptura y restablecimiento de relaciones diplomáticas con Sudáfrica, las cuales muestran en tanto, que las decisiones fueron tomadas al más alto nivel” (Lechini., 2012, pág. 4).

3. La denominada “Política por impulsos” muestra momentos en los cuales se logró tener “estrategias coyunturales” que se enmarcaban dentro del rol que podía desempeñar el continente africano en cuestiones vitales para la Argentina tales como: la disputa por Malvinas,  el número de votos africanos en los organismos internacionales o como mercado potencial para ubicar las exportaciones frente a las dificultades que presentaban los destinos tradicionales. “Estas dos cuestiones, planteadas ya desde 1960, con la elaboración del primer ‘Plan de presencia argentina en África’, pueden considerarse constantes en el marco de una relación errática” (Lechini., 2012, pág. 4).

4. La llamada “Política dual hacia Sudáfrica”[3] y la “Política ambigua”[4] con los países africanos en relación con la Sudáfrica del Apartheid se mantuvieron hasta la década de 1980. Sin embargo, a partir de 1983 la situación cambió tanto en el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989) como en el de Carlos Saúl Menem (1989-1999) ya que optaron por estructurar (claro está, desde enfoques opuestos) una política bien definida hacia Pretoria por un lado, y hacia los demás países africanos, por el otro.

5. La “ausencia o no supervivencia” (Lechini., 2012) de población negra en Argentina que pudiera presionar, de manera interna, una relación exterior estable y constante con el continente africano.

6. La falta de una dimensión “Sudatlántinca” en la política exterior Argentina, más allá de Malvinas y la “amenaza comunista” percibida por los militares en el poder (1976-1983).

7. Y por último, la falta de coordinación de estrategias de inserción del país entre los sucesivos gobiernos, los empresarios nacionales y transnacionales asentados en Argentina.

Podemos encontrar los orígenes de la cooperación científica-tecnológica entre Argentina y África austral desde la década de 1970 en adelante gracias a las gestiones realizadas por las respectivas comisiones económicas de las Naciones Unidas.

Hacia 1977, los países miembros de la Comisión Económica para África (CEPA) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), adoptaron resoluciones sobre el fortalecimiento de los acuerdos de cooperación técnica existentes y de la promoción de nuevos programas de cooperación entre dichas regiones, utilizando para ello las capacidades de las referidas comisiones regionales dentro del marco de sus recursos y mandatos[5].

Para septiembre de 1978, se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo que se reunió en Buenos Aires (también conocido como ‘Plan Buenos Aires’) que tenía como fin “introducir profundos cambios en los criterios respecto de la asistencia para el desarrollo y para darle un relieve considerablemente mayor a la capacidad nacional y colectiva de los países en desarrollo para valerse de medios propios, como fundamento de un nuevo orden económico internacional” (CEPAL, 1983, pág. 15).

En junio de 1982, se realiza en Addis Abeba, Etiopía, una reunión conjunta de expertos gubernamentales de África y América Latina sobre la cooperación técnica y económica entre ambas regiones auspiciada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y las respectivas comisiones regionales CEPA y CEPAL. El fin era fortalecer las relaciones entre ambas zonas del mundo en desarrollo, por un lado y encontrarse para examinar lo que ellos mismos (como países en desarrollo) podían hacer para promover su propio desarrollo en tres áreas claves: “desarrollo y utilización de los recursos humanos; comercio interregional; y ciencia y tecnología para el desarrollo económico y social” (CEPAL, 1983, pág. 17).

Si bien la República Argentina participó en el marco general de las reuniones realizadas entre CEPA y CEPAL, lo cierto fue que, y como bien menciona Lechini, las relaciones exteriores hacia África fueron una “Política de impulsos” y no una ‘Política de Estado’ que hubiera permitido concretar en profundidad la cooperación técnica y económica necesaria entre países en desarrollo.

El retorno a la democracia de Argentina en 1983 permitió un espacio propicio para una “política de acercamiento” con el continente africano tanto en el gobierno de Alfonsín (1983-1989) como en el de Menem (1989-1999).

Durante la administración alfonsinista, “la voluntad, desde las más altas esferas del gobierno argentino, de que el continente africano fuese incorporado a la agenda exterior nacional, se concretó con la creación en el ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto –el 1 de mayo de 1987– de la Dirección de África Subsahariana, la cual permitió junto a la Dirección de África del Norte y Medio Oriente un mejor análisis y estudio de la diversa realidad africana” (Buffa., 2012, pág. 345).

La apertura de nuevas embajadas argentinas en el continente africano, la creación de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS) como lugar común de diálogo entre países de ambas regiones, o la ruptura de relaciones diplomáticas con la Sudáfrica racista – generadora de tensiones a la hora de establecer lazos con el resto de la región subsahariana – (Buffa., 2012, pág. 346) fueron algunas de las medidas establecidas durante el gobierno de Alfonsín junto con la firma de diversos acuerdos de cooperación con Argelia, Cabo Verde, Mozambique, Ghana y Angola.

En el caso de Argelia es interesante destacar que a fines de mayo de 1985 llegó a la Argentina una delegación de la Comisión de Energías Nuevas de la República Argelina y, como fruto de esta visita, se firmó una serie de acuerdos para la construcción en Argelia de un reactor nuclear de investigación y capacitación del tipo RA-6, similar al que funciona en el Centro Atómico de San Carlos de Bariloche, Argentina; y para la cooperación bilateral en el campo de la producción y utilización de radioisótopos en medicina, industria y agricultura (Andrés Cisneros y Carlos Escudé, 2012).

Por otro lado, cabe destacar también, en el caso de Angola, la firma en abril de 1988, de un ‘Acuerdo General de Cooperación Técnica, Científica y Cultural’ entre Alfonso van Dunem (canciller angoleño) y Dante Caputo (canciller argentino). Este pacto se enmarcaba dentro de la cooperación Sur-Sur, por un lado y tenía la clara intención de acercarse al África Negra, por otro. Dicho convenio suponía un acuerdo-marco para los siguientes ocho años y definía como sectores prioritarios la agricultura, la minería y la salud.

Con la llegada de la administración menemista al poder nacional, (en plena finalización de la contienda bipolar y el inminente predominio de las políticas neoliberales) África Subsahariana ocupó un espacio marginal de la política exterior del nuevo gobierno a partir del “abandono por parte de Argentina del Movimiento de Países No Alineados y el alineamiento con Washington, así como la adscripción a una política pragmática, comercialista, selectiva y de bajo perfil que incluyó el cierre de un número importante de embajadas” (Buffa., 2012, pág. 346).

Lo cierto fue que durante la presidencia de Carlos Menem y como menciona Lechini, se optó por algunos países del norte de África por dos factores básicos: uno económico, que sean compradores importantes de productos argentinos, y otro político, que mantuvieran buenas relaciones con los EE.UU. Fruto de ello fue el acercamiento a países como Egipto, Marruecos y Túnez. Más allá de los diversos acuerdos que se firmaron, las variadas misiones comerciales que se realizaron y las muchas reuniones mixtas que se concretaron, es importante destacar el caso de Egipto ya que el presidente argentino viajó en 1998 para inaugurar un reactor nuclear que construyó INVAP, una empresa pública Argentina. Este hecho denota que, y a pesar del cambio en la concepción de la política exterior descrita anteriormente por Buffa, los canales de cooperación científico-tecnológica todavía estaban en funcionamiento.

Durante la presidencia de Fernando De la Rúa (1999-2001) no se dieron cambios significativos en la política exterior Argentina en general ni con África en particular. Se continuó con la misma tendencia económica que se había tenido hasta el momento y simplemente se llamó a revitalizar la perspectiva comercial orientada hacia el África Subsahariana. Para el interregno de Eduardo Duhalde (2002-2003) se planteó una ruptura discursiva con respecto al gobierno menemista en la cual se llamó a profundizar las relaciones con Asia y África aunque en la práctica la marginalidad hacía la región africana continuó su curso.

Néstor Kirchner (2003-2007) inaugura la presidencia de la República luego de dos años de crisis política y más allá de que se preocupó por diferenciarse del menemismo también, lo cierto fue que en principio tuvo que ocuparse de solucionar los problemas internos que acaecían al país. Lo destacable de este gobierno fue la recuperación discursiva de la cooperación sur-sur,  concebida como un espacio para buscar nuevas formas de desarrollo, olvidada por las administraciones anteriores. “Esta concepción se hizo presente en diversas iniciativas tanto multilaterales como bilaterales, en este caso con países que comparten los mismas problemáticas y desafíos en torno al desarrollo. Bajo este marco se puede reconocer la participación en diversos foros políticos internacionales tales como la Cumbre América del Sur – Países Árabes (Brasilia, mayo de 2005), la Cumbre América del Sur-África (Abuja, noviembre de 2006) y el relanzamiento de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (Luanda, junio de 2007)” (Vagni., 2010, pág. 5).

En el año 2006 se firma un ‘Memorándum de Entendimiento en Ciencia y Tecnología’ entre la Argentina y Mozambique en el cual “se había acordado la cooperación en las áreas de alimentos, biotecnología, agricultura, tecnología de la información aplicada, minería y recursos mineros, salud, ciencias sociales y humanidades, observación de la Tierra, astronomía y espacio y energía” (Oreja, 2012).

Desde entonces no sólo se realizaron intercambio de científicos, investigadores, técnicos y expertos y de documentación e información científica y tecnológica, además de la organización conjunta de seminarios, sino que también se realizaron reuniones con el ministro de Agricultura de Mozambique, José Pacheco, para el seguimiento del Acuerdo de Cooperación Agrícola de 2011 y con la Coordinadora Residente del Sistema de Naciones Unidas y Representante Permanente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Mozambique, Jennifer Topping (Oreja, 2012).

Las razones expuestas en los párrafos anteriores motivaron al actual gobierno argentino de Cristina Fernández (2011-2015) a continuar contribuyendo tanto al desarrollo nacional como al de los países africanos, en especial con aquellos que conservaba lazos históricos. Es por ello que, y junto con el viaje a Luanda expuesto al principio de este artículo, durante el mes de marzo del presente año el canciller argentino Héctor Timerman, a la cabeza de una delegación oficial dentro de la cual se encontraba la directora nacional de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, realizó un viaje hacia Maputo, Mozambique, con la intención de “fortalecer la cooperación bilateral entre ambos países en ciencia, tecnología, innovación productiva, salud, agricultura y relaciones exteriores” (Oreja, 2012).

Finalmente y más allá de los vaivenes de la política exterior Argentina con relación a África en general y África austral en particular, lo cierto es que la cooperación científica-tecnológica dentro del marco de la cooperación sur-sur, fue, es y será una vía no solo suficiente sino necesaria para países “que comparten las mismas problemáticas y desafíos en torno al desarrollo”, lo puedan superar.


[1] Siguiendo el trabajo de Gladys Lechini “Argentina y Sudáfrica en el África Austral”, entendemos que la región austral de África está compuesta, según un criterio geográfico, por: Botswana, Lesotho, Malawi, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe. Pero si incluimos los aspectos geopolíticos y económicos, nos encontramos con una zona mucho más amplia que incluye también a: Tanzania, Mauricio y Seychelles (de la región del África Oriental) y a la actual República Democrática del Congo (ex Zaire) -del África Central-.Por lo tanto, todos los países mencionados anteriormente constituyen, para nosotros, la región del África Austral.

[2] A nuestro entender dicha cooperación incluye la técnica en relación con producción de alimentos y la cultural con la realización de seminarios conjuntos sobre temas comunes entre Argentina como país y África austral como región.

[3] Osea “un discurso y accionar multilateral condenatorio del Apartheid y buenas relaciones bilaterales con el gobierno blanco sudafricano” (Lechini., 2012, pág. 5).

[4] Osea “tratando de no tomar actitudes radicales con respecto a Pretoria y ‘bypasseando’ las demandas africanas de ruptura de todo tipo de relaciones con el gobierno blanco sudafricano” (Lechini., 2012, pág. 5).

[5] Para mayor información al respecto, véase la resolución 302 (XIII) de la CEPA, de 28 de febrero de 1977; así como la resolución 363 (XVII) de la CEPAL del 5 de mayo de 1977.

Anuncios