Brasil y la Crisis Política actual en Guinea-Bissau, ¿un escenario más para la Cooperación Sur – Sur?

Posted on noviembre 1, 2012

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Por: Alejandro Barrera Castro
Asistente de Investigación – Estudios Africanos
alejandro.barrera.castro@gmail.com

La crisis política que actualmente atraviesa Guinea–Bissau se puede clasificar como la continuación de la historia de inestabilidad que subsiste en el país casi desde la independencia y que se vio exacerbada en gran medida por el enfrentamiento armado ocurrido entre 1998 y 1999. En este sentido, tanto el conflicto de finales de la década de 1990, como el reciente golpe de Estado, encuentran su lógica y sus causas en los mismos factores políticos y sociales que han determinado el camino por el cual ha transitado Guinea–Bissau desde 1980 tras el golpe de estado llevado a cabo por João Bernardo “Nino” Vieira[1], factores que se expondrán a continuación.

En primer lugar, se reconoce la rivalidad existente entre los principales actores que ostentan el poder en el país – ejército, Presidente y Primer Ministro –, como el principal factor causante de la violencia que ha vivido Guinea-Bissau y que ha llevado a un fortalecimiento político de los militares y a la dinámica sucesiva de golpes de estado. En segundo lugar, la Reforma al Sector de Seguridad (SSR, por sus siglas en inglés) ha jugado un papel determinante en las tensiones entre el gobierno y el ejército. Por su parte, el tercer factor lo constituye el entorno regional de inestabilidad política y enfrentamientos que han sido utilizados por las partes como una suerte de justificación para sus actividades y posiciones. Finalmente está el narcotráfico que si bien no fue relevante para el conflicto armado de 1998 – 1999, sí ha tenido gran incidencia en el golpe de estado de 2012, e incluso, en el asesinato del ex Presidente Vieira en marzo de 2009.

Ahora bien, retomando el tema del entorno regional, desde el estallido mismo de las hostilidades en junio de 1998 se utilizó el término “conflict system”[2] para explicar las relaciones y repercusiones que tienen para los países, los acontecimientos político–militares de sus vecinos. No obstante, no son equivalentes las consecuencias producto de conflictos independientes, tales como las guerras en Sierra Leona y Liberia que generaron un ambiente de inestabilidad en África Occidental, frente a conflictos interrelacionados con las dinámicas del país, como por ejemplo, la guerra en la región separatista de Cassamance en Senegal – que fue considerada como una de las causas principales del conflicto armado en Guinea–Bissau.

Teniendo en cuenta el carácter regional del conflicto, no se puede negar que la comunidad internacional no dio pronta respuesta. Particularmente, partiendo del rol pacificador adquirido en la década de 1990 por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS, por sus siglas en inglés) a través  de su fuerza de monitoreo – ECOMOG –, desplegada previamente en Liberia (1990) y en Sierra Leona (1997).[3]  Igualmente, la Organización de Naciones Unidas, la Organización para la Unidad Africana (ahora, Unión Africana) y la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) entraron a participar como facilitadores del proceso de paz y como donantes para la etapa de posconflicto, lo que sin duda ha suscitado tanto aplausos como críticas.[4]

Ahora bien, es en el marco de esta última organización – la CPLP –, que el gobierno de Brasil entra a participar directamente en las dinámicas del posconflicto en Guinea–Bissau. En efecto, y con el aprovechamiento de las cercanías culturales y lingüísticas existentes entre ambos países, Brasil se ha convertido en un socio principal para el gobierno de Bissau teniendo en cuenta que el gigante suramericano es considerado como uno de los actores internacionales más responsables en materia de cooperación y participación en el país africano. Para esto, el gobierno de Brasil ha desarrollado una estrategia de Cooperación Sur–Sur, partiendo de su experiencia política como potencia regional multicultural y compartiendo “buenas prácticas” en temas de educación y salud, entre otros.

Es pertinente, entonces, analizar los mecanismos de cooperación utilizados por el gobierno brasilero frente al caso de la actual crisis en Guinea–Bissau, así como también el papel de este país suramericano en la consolidación de la “nueva arquitectura de la ayuda”[5].  Así mismo, no deja de ser curioso el notable interés que ha despertado este pequeño país africano en el radar internacional del gobierno de Brasil en los últimos años, por lo que cabe preguntarse ¿cuáles son las motivaciones detrás de la activa participación brasilera en Guinea–Bissau? ¿Es acaso este país africano un escenario más para la Cooperación Sur–Sur? O por el contrario, ¿espera Brasil ganar algo en relación a una agenda subyacente que mueve su política de cooperación y ayuda?

Origen y actualidad de la crisis

La inestabilidad política continua de la cual se desprende la crítica situación actual en Guinea-Bissau tiene su origen en los descontentos que expresaron los veteranos de la larga guerra de independencia que se libró entre el Partido Africano da Independência da Guiné e Cabo Verde (PAIGC) y el gobierno colonial de Portugal. En este sentido, el primer gobierno republicano a manos de Luís Cabral (1974 – 1980) vería el surgimiento de condiciones negativas entre las que cabe resaltar la exclusión de los ex combatientes “de los recursos del estado por la élite intelectual del partido, [y] el fracaso de las políticas económicas en la generación de bienestar”[6]. Lo anterior facilitó la consumación del primer golpe de Estado en la historia del país llevado a cabo por el antiguo comandante de guerra, Mayor João Bernardo “Nino” Vieira, en 1980.

No obstante, el régimen de Vieira fue excesivamente represivo y autoritario en su primera década, período durante el cual se llevaron a cabo acciones controversiales tales como la eliminación del cargo de Primer Ministro y la ejecución de opositores políticos, incluido el Vicepresidente, Paulo Correia[7]. Así mismo, su administración tampoco puso fin ni a los descontentos populares ni a los de los veteranos de guerra[8].  Por consiguiente, la década de 1990 traería para Guinea–Bissau una liberalización política si se quiere, que tuvo su máxima expresión en la celebración de las primeras elecciones multipartidistas en 1994, que si bien dieron como ganador a Vieira, marcaron un avance democrático importante para el país.

Cuatro años más tarde, a mediados de 1998 estalla una guerra civil en el país producto de la destitución del comandante del ejército, General Ansoumane Mané, tras ser acusado de desviar armas hacia el grupo separatista denominado Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance (MFDC), activo en el país vecino de Senegal.[9] Esta decisión de Vieira desató una revuelta de parte de los militares y veteranos de guerra que apoyaban al General Mané con lo que se generó un conflicto armado que duraría nueve meses y tendría un saldo de 2.000 muertos.[10] Igualmente, cabe destacar la presencia de tropas provenientes de Senegal, Guinea y de acuerdo con algunos reportes, de Francia, las cuales apoyaron al régimen de Vieira hasta su derrota y posterior exilio en Portugal en 1999[11].

Esta guerra civil, si bien no se prolongó por años, es considerada como el punto de partida de los desequilibrios socio-políticos que ha enfrentado el país desde la firma e implementación del Acuerdo de Paz de Abuja. En primer lugar, la victoria militar del General Mané representa la derrota del poder civil en Guinea–Bissau, cuyas autoridades hasta la fecha no han podido retomar el control sobre las fuerzas militares. En  segundo lugar, la internacionalización inmediata que vivió el conflicto en Guinea–Bissau explica la alta dependencia que tiene el progreso económico y político del país frente a actores y donantes internacionales. Igualmente, con el fin del conflicto, la cultura de impunidad se comenzó a consolidar como parte de lo que más adelante se llamaría el fenómeno de “normalización” de la violencia a nivel estatal.[12]

Lo anterior, sumado al proceso de “etnificación”[13] de la política nacional promovido por el Presidente Kumba Ialá a partir de 2000, degeneró en una etapa de posconflicto que no respondía a dinámicas de paz, ni de guerra. De hecho, tras el aumento de las fricciones entre las ramas ejecutivas y legislativas del país, el General Veríssimo Correia dio un golpe de Estado que significó un retroceso para el país y para el trabajo adelantado por organizaciones regionales e internacionales tales como Naciones Unidas (United Nations Peacebuilding Office for Guinea–Bissau – UNOGBIS), ECOWAS y la CPLP. Así mismo, esta época se caracterizó por suscitar cierta expectativa en el plano económico y por la existencia de inclusive mayores retos en el ámbito político. Lo anterior, debido a que por esos años Guinea–Bissau se convertiría en punto de almacenamiento y de tránsito de drogas ilícitas de los carteles sudamericanos en su paso hacia Europa.[14]

Así mismo, las tensiones políticas se exacerbarían aún más tras el polémico regreso de “Nino” Vieira y su posterior elección como Presidente en 2005. En este punto, el fenómeno de “informalización” del Estado se consolidó en Guinea–Bissau con el aumento del clientelismo y de la corrupción. No obstante, esto se entiende en la medida en que la corrupción pasó de ser un método para aumentar el poder político y económico a ser una “estrategia de supervivencia”[15]. Por otro lado, durante esta tercera administración de Vieira se solidificaron los vínculos entre narcotraficantes, funcionarios del gobierno y militares, lo que aunado a la concentración del poder en manos en Vieira, desembocó en la conformación del primer  “narco-Estado africano”[16].

Esto profundizaría la situación crítica del país hasta alcanzar un pico bastante elevado en marzo de 2009 tras el asesinato del Presidente Vieira y del Jefe del Estado Mayor de las fuerzas militares, Tagme Na Wai. [17] Ante este hecho se han presentado distintas hipótesis que van desde posibles vínculos entre Vieira y el narcotráfico – que explicarían su asesinato como un tema de ajuste de cuentas –, hasta un acto de venganza de parte de los militares por la supuesta responsabilidad de Vieira en la muerte de Tagme Na Wai.[18]

Adicionalmente, el año 2010 también vino cargado de retos y amenazas a la estabilidad del país cuando en el mes de abril fueron secuestrados el Primer Ministro, Carlos Gomes Jr., y el Comandante de las fuerzas militares, Zamora Induta, por un grupo de soldados bajo el mando del subjefe de las fuerzas militares, General Antonio Injai. Este nuevo impase resultaría en el autonombramiento del General Injai como nuevo Comandante en Jefe de las fuerzas militares guineanas.[19] De igual forma, se puede hablar de la creación de un firme precedente de impunidad para el golpe de Estado que se dio en abril del presente año, a pocos días de la segunda vuelta electoral, y que se desarrolló de igual forma, es decir, con el secuestro y posterior derrocamiento del Presidente interino, Raimundo Pereira y del Primer Ministro Carlos Gomes Jr.[20]

La estrategia dual de Brasil en Guinea–Bissau

Si bien la inestabilidad política ha sido constante, el acompañamiento de la comunidad internacional también lo ha sido. Y es que desde el estallido del conflicto armado de 1998 – 1999, distintas organizaciones regionales e internacionales hicieron presencia en el país, bien como mediadores del proceso de paz, como donantes de ayuda o como ambos. En este sentido se rescata la creación de la Oficina de Peacebuilding de Naciones Unidas para Guinea–Bissau (UNOGBIS), el despliegue de agencias de Naciones Unidas como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y la presencia de organizaciones como ECOWAS y la CPLP, en lo que se puede catalogar como una internacionalización temprana, casi que inmediata, de la situación en Guinea-Bissau.

No obstante, la línea de acción que han adoptado la mayoría de las agencias y organizaciones presentes en el país ha suscitado una serie de críticas alrededor de la forma de abordar la inestabilidad política en este país africano.

En este sentido, se ha identificado que la mayoría de estrategias de ayuda en Guinea–Bissau se llevan a cabo a través de una “acción secuencial” en la cual se entiende la seguridad como un prerrequisito para el desarrollo, por lo que se han dejado de lado temas vitales como el empleo, la educación, la mejora de los servicios públicos y el desarrollo rural y agrícola. [21]

Es así como la participación de Brasil resulta interesante en la medida en que se separa de este accionar cuestionable, que se ha definido como “inefectivo, irregular, desinformado y descoordinado”[22]. Por su parte, el gobierno brasilero funciona a partir de una separación estratégica de su participación en Guinea–Bissau, la cual responde a una diferenciación temática teniendo en cuenta el marco de su intervención. Es decir que, por un lado,  Brasil aporta acompañamiento en temas políticos, militares y en crisis coyunturales como miembro de organizaciones regionales y grupos multilaterales presentes tales como la CPLP y el Grupo de Contacto Internacional; y por otrolado, brinda cooperación bilateral en el marco de la Cooperación Sur – Sur frente a temas relacionados con el desarrollo y el fortalecimiento de la capacidad institucional del país africano, como por ejemplo en salud, educación y entrenamiento policial.

Con respecto al primer eje de acción, el gobierno de Brasil, en el marco de la CPLP, desarrolló una acción importante en la mediación del conflicto de 1998 – 1999 a través de la creación del Grupo de Contacto Internacional – conformado por los ministros de Negocios Extranjeros y de Relaciones Exteriores de los países miembros.[23] Este Grupo, logró en ese momento “sentar en torno a la misma mesa de negociación a las dos partes enfrentadas las cuales, después de más de dos meses de guerra, firmaron un acuerdo de tregua como primer paso para la paz”[24]. De igual forma, tras el golpe de estado contra Kumba Ialá en 2003, el embajador brasilero en Guinea – Bissau, en representación de la CPLP, apoyó una visita ministerial de ECOWAS que, tras reunirse con los golpistas y el presidente derrocado, logró la consolidación de un gobierno de transición.[25]

En un plano más reciente, la Embajadora Permanente de Brasil ante las Naciones Unidas, María Luiza Ribeiro Viotti, también se desempeña como la Directora de la Iniciativa/Configuración de la Comisión de Peacebuilding de Naciones Unidas en Guinea–Bissau. En este sentido, y como parte de las prioridades identificadas por la Iniciativa, Brasil ha jugado un rol preponderante en la planeación de la hoja de ruta para la Reforma al Sector Seguridad (SSR). Frente a este objetivo se han desarrollado diversas sinergias y estrategias entre las que sobresale la creación de un fondo de pensiones para los militares con el cual se pretende fomentar el proceso de renovación de las fuerzas militares.[26]

Por otro lado, con respecto al segundo eje de acción, Brasil, al igual que Cuba y China, ha sido considerado como uno de los donantes que no sigue la aproximación de “acción secuencial” en la medida en que su participación en términos de cooperación se destina atacar problemas relativos al desarrollo del país. Esto se ha logrado, a partir de iniciativas de cooperación financiera tradicional reflejada en la condonación parcial de la deuda de Guinea – Bissau y el otorgamiento de “créditos blandos”.[27] De igual forma, el gobierno de Brasil ha promovido iniciativas de Cooperación Sur – Sur que incluyen la donación de medicamentos antirretrovirales utilizados para el tratamiento del VIH/SIDA y el otorgamiento de becas a estudiantes guineanos en Brasil.[28]

Por último, se destaca el programa de entrenamiento por parte de la Policía Federal de Brasil, en conjunto con la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, de la policía de Guinea–Bissau en temas relacionados con el narcotráfico y el fortalecimiento de su función de policía judicial.[29] No obstante, este tipo de temas deben ser tratados con sumo cuidado, teniendo en cuenta que son los militares quienes están vinculados con el narcotráfico con lo que se podría profundizar el conflicto a través de un enfrentamiento directo entre ambas fuerzas. 

Más allá de la cooperación

Ahora bien, para entender las razones que mueven las acciones de una potencia regional como Brasil en un país pequeño como Guinea – Bissau que ni siquiera pertenece a su misma región geográfica, es pertinente partir de la concepción del gobierno brasilero que entiende a “la cooperación como un instrumento de proyección internacional y de consecución legítima de sus intereses nacionales”[30]. Dicho esto, una crisis política tan apremiante como la que vive Guinea–Bissau es vista por el gobierno de Brasil como una oportunidad para posicionarse internacionalmente en términos de resolución de conflictos, al tiempo que aumenta su soft-power, es decir, su poder de influencia en el sistema internacional.[31]

Con su participación activa en Guinea–Bissau, el gobierno de Brasil no sólo da muestras internacionales de su coherencia en política exterior, sino que persigue un reconocimiento como país estable – política e institucionalmente hablando –, como líder y estabilizador regional, y como economía emergente. Con respecto a este último punto, también vale agregar que, pasar de ser visto como un país receptor de Ayuda Oficial para el Desarrollo a ser un “donante emergente”, es una prioridad del gigante suramericano, teniendo en cuenta su necesidad de encajar en la “nueva arquitectura de la ayuda” en la cual entran países como India y China. De igual manera, el rol de Brasil en este país africano se explica en el tema de la lucha con el narcotráfico que se encuentra como una de las prioridades de la agenda nacional brasilera en materia de seguridad.

Por otro lado, la crisis política en Guinea – Bissau es entendida como el tema emblema de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) debido a que fue su “prueba de fuego” en materia internacional, y es por esto que el protagonismo al interior de esta organización ha sido disputado tradicionalmente entre Portugal, Angola y por supuesto, Brasil. Ahora, con la crisis económica que vive Portugal en la actualidad y con la pérdida de credibilidad de Angola al respecto de su posible participación militar a favor del recientemente depuesto Primer Ministro, Carlos Gomes Jr., Brasil cuenta con una gran oportunidad para reclamar el liderazgo en este foro.

Otro factor decisivo es el fortalecimiento que pretende promover Brasil, como potencia regional y economía emergente, de lo que se conoce como el Sur Global. Esto se demuestra, en el caso de Guinea–Bissau, a partir de la aprobación, por iniciativa brasilera, para la financiación de proyectos de agricultura y ganadería por parte de un fondo común de IBSA (Foro de Diálogo India, Brasil, Sudáfrica).[32] Con lo anterior, se observa el interés del gobierno de Brasil por fortalecer el Sur Global, pero desde el mismo Sur, con miras a consolidarse como líder de un grupo fuerte a nivel internacional. Finalmente, una razón que también puede explicar el interés que ha demostrado el gobierno de Brasil en continuar y expandir en lo posible su cooperación y participación en Guinea – Bissau, es la utilización de este escenario como prueba de campo en su “proceso de construcción y búsqueda de un modelo de cooperación autóctono, anclado en las características institucionales, sociales e históricas que ha ido perfilando en su tránsito de país en desarrollo a potencia emergente”[33].

A manera de conclusión es válido afirmar que Brasil es un país que ha estado siempre presente en el proceso de resolución del conflicto en Guinea–Bissau y que cada vez más, se consolida como un actor principal que participa de manera activa en la búsqueda de potenciales soluciones a la crisis de este país africano, versus el rol de los demás actores internacionales cuyas acciones han llevado a una “simulación de paz en lugar de resultados sostenibles y tangibles en materia de peacebulding”[34]. Lo anterior encuentra su lógica en la combinación de una serie de factores tanto coyunturales como propios de Brasil. En primer lugar, como se mencionó anteriormente, las cercanías culturales y lingüísticas existentes entre ambos países constituyen una ventaja en las relaciones bilaterales guineano–brasileras. De igual forma, Brasil, desde el punto de vista de Guinea–Bissau, cuenta con un atractivo especial debido a que corresponde a una especie de “país modelo de desarrollo con una sociedad multicultural”[35] que además “cuenta con el know-how y experiencia en estructuras económicas basadas en la agricultura”[36].

En tercer lugar, el modelo de cooperación que ha desarrollado e implementado el gobierno brasilero es bien recibido por países del llamado Sur Global, en la medida en que no promueve relaciones de subordinación, contrario al modelo tradicional de cooperación Norte–Sur. Lo anterior sumado a la crisis económica que enfrenta Portugal en la actualidad, contrastada con el carácter emergente de la economía brasilera – la más fuerte en América Latina – se traduce en una ventana de oportunidad para alcanzar el nuevo liderazgo en la CPLP frente al tema en Guinea–Bissau y demás puntos de la agenda de esta organización.

Por último, y retomando la pregunta planteada inicialmente, se puede concluir que Guinea–Bissau no corresponde, desde la perspectiva brasilera, a un escenario más en el cual lleva a cabo dinámicas de Cooperación Sur–Sur, sino que por el contrario, este país supone un escenario importante para el posicionamiento internacional de Brasil, así como también para buscar el incremento de su poder blando (soft power) en el sistema internacional. Igualmente, tal como se argumentó anteriormente, Guinea–Bissau representa para Brasil una plataforma importante desde la cual propulsar sus intereses nacionales, claro está, sin que estos supongan el detrimento de las condiciones sociales, políticas y económicas de un país cuyo progreso en esas áreas se encuentra en entredicho desde hace poco más de tres décadas.


[1] Cabe agregar que tras la toma del poder de Vieira, el gobierno de las vecinas islas de Cabo Verde decide frenar el proceso de unificación con Guinea–Bissau y se declara un Estado independiente. Ver, Ferreira, Patrícia M. “Guinea-Bissau: Perspectives on the up-coming elections”, Institute for Security Studies, marzo, 2004, p. 2.

[2] Abdulai, Napoleon, “Civil War in Guinea–Bissau”, CONFLICT TRENDS – ACCORD, Issue 1, octubre de 1998. p. 8. Disponible en: http://www.accord.org.za/ Consultado el 14 de mayo de 2012.

[3] Adebajo, Adekeye, “Pax West Africana? Regional Security Mechanisms”, en Adebajo, Adekeye y Rashid, Ismail (eds.) West Africa’s Security Challenges. Building Peace in a Troubled Region, International Peace Academy, Lynne Rienner Publishers, p. 294.

[4] Ver, Roque, Silvia, “Peace Building in Guinea–Bissau: A Critical Approach”, NORWEGIAN PEACEBULDING CENTRE, mayo, 2009. p. 8.

[5] Ayllón Pino, Bruno, “La cooperación de Brasil: un modelo en construcción para una potencia emergente”, ARI 143, Real Instituto Elcano – Universidad Complutense de Madrid, octubre, 2010. p. 1.

[6] Padrão Temudo, Marina, “From ‘People’s Struggle’ to ‘This War of Today’; Entanglements of Peace and Conflict in Guinea–Bissau”, AFRICA Journal, International African Institute, Edinburgh University Press, Vol. 78, No. 2, 2008, p. 248. Traducción propia.

[7] Op. Cit, Ferreira.

[8] Op. Cit. Padrão Temudo. Traducción propia.

[9] Op. Cit. Abdulai. pp. 8 – 10.

[10] Op. Cit, Ferreira.

[11] Op. Cit. Padrão Temudo. p. 249.

[12] Op. Cit. Roque. p. 3.

[13] Si bien las dinámicas políticas en Guinea – Bissau no respondían a divisiones étnicas, durante el gobierno de Kumba Ialá se dio un proceso de “balantización” de la política y del Estado en la medida en que se priorizó la participación en cargos públicos y en altos mandos del ejército de personas de la etnia Balanta. Ver, Op. Cit. Ferreira. p. 5.

[14] Op. Cit. Roque. p. 6.

[15] Ibíd. p. 3.

[16] Ibíd. p. 4.

[17] Portal Web, Afrol News, “Comienzan iniciativas diplomáticas para resolver crisis en Guinea–Bissau”, 3 de marzo de 2009. Disponible en: http://www.afrol.com/es/  Consultado el 14 de mayo de 2012.

[18] Op. Cit. Roque. p. 4.

[19] Portal Web, Afrol News, “Se acentúa la lucha por el poder en Guinea–Bissau”, 24 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.afrol.com/es/  Consultado el 14 de mayo de 2012.

[20] Portal Web, Afrol News, “Los militares en Guinea–Bissau consuman el golpe de estado”, 16 de abril de 2012. Disponible en: http://www.afrol.com/es/  Consultado el 14 de mayo de 2012.

[21] Op. Cit. Roque. p. 9.

[22] Ibíd. p. 8. Traducción propia.

[23] Durántez Prados, Frigdiano, “La Comunidad de Países de Lengua Portuguesa. Un nuevo foro de concertación y de cooperación”, REVISTA CIDOB D’AFERS INTERNACIONAS. Miscelánea. Núm. 48, p. 118.

[24] Ibíd.

[25] Op. Cit, Ferreira.

[26] Portal Web, Organización de Naciones Unidas, “Briefing Security Council on Guinea-Bissau, Top Official Cites ‘Uncertain Commitment’ to Fighting Impunity, Drug Trafficking and Organized Crime – SC/10300”, 28 de junio de 2011. Disponible en: http://www.un.org Consultado el 15 de mayo de 2012.

[27] Op. Cit. Ayllón. p. 5.

[28] Portal Web, The Citizen, “Guinea-Bissau receives $3m drugs from Brazil”, 13 de septiembre de 2011. Disponible en: http://www.thecitizen.co.tz/ Consultado el 15 de mayo de 2012.

[29] Portal Web, Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito,  “Guinea-Bissau: UNODC to support set up of police academy”, 22 de enero de 2010. Disponible en: http://www.unodc.org/ Consultado el 15 de mayo de 2012.

[30] Op. Cit. Ayllón. p. 1.

[31] Esto puede entenderse como una continuación de su participación en crisis y conflictos mundiales tales como el caso de Haití tras el terremoto sufrido en 2010.

[32] Op. Cit. Roque. p. 16.

[33] Op. Cit. Ayllón. p. 9.

[34] Op. Cit. Roque. p. 1. La cursiva es propia. Traducción propia.

[35] Ibíd. p. 17. Traducción propia.

[36]  Ibíd. Traducción propia.

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