Actualidad Africana: Apuntes sobre la crisis política en Malí

Posted on noviembre 1, 2012

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Por: Florent Frasson-Quenoz, PhD
Investigador – Estudios Africanos
florent.frasson@uexternado.edu.co

El pasado jueves 22 de marzo, una vez más, Malí fue el escenario de un golpe de Estado liderado por sus militares. Desde entonces el país está estancado en una situación de crisis tanto política como administrativa porque no solamente las instituciones y el proceso electoral (previsto originalmente para el 29 de abril 2012) están suspendidos, sino que, también, el norte del país ha declarado unilateralmente su independencia bajo el impulso del grupo armado MNLA (Movimiento Nacional de Liberación del Azawad). La crisis que se desarrolla en Malí desde hace más de dos meses no solamente terminó la transición democrática iniciada en los años 1990 sino que también crea un “vacío de poder”[1] en una región que conoce, desde hace varias décadas, una contestación violenta de la autoridad estatal.

Los teóricos de la transición política postulan la existencia de diferentes olas de democratización desde principios del siglo XIX hasta finales de los años 1970. La última de estas olas se inició con la revolución de los claveles en Portugal en 1974 y se extendió al sur de Europa hasta Europa del Este antes de penetrar el continente africano en los años 1990. Desde entonces, el ratio de presencia de regímenes autocráticos en África ha tenido la tendencia a bajar (figura 1). Sin embargo, esto no significa que los Estados en África sean más democráticos.

En 1990, el continente contaba 25 Estados calificados como autoritarios. Este número se redujo a dos desde el 2001, pero, como lo notan los miembros del Grupo de Estudios de Ciencias Sociales de la Universidad de California (Center for the Study of Democracy), la forma común de organización de la vida política no es la democracia sino la anocracia[2].

El caso de Malí es, en este sentido, muy interesante. El país salió de más de veinte años de un régimen autoritario en 1991, cuando Amadou Toumani Touré lideró el Comité de Transición para la Salvación del Pueblo instaurado después de un golpe de Estado. La cronología de los eventos siguientes corresponde a lo que “transpsiciólogos” consideran como los pasos necesarios para una transición exitosa del autoritarismo a la democracia. En el caso de Malí, lo que empezó como una revolución se transformó en un diálogo nacional, maximizando así las oportunidades de transición exitosa. Después de la organización de una conferencia nacional sobre el modelo beninés y de la organización de elecciones legislativas (1992), el entonces Teniente-General Amadou Toumani Touré entregó el poder al nuevo presidente electo Alpha Oumar Konaré. Estas elecciones fueron un modelo de lo que los tranpsiciólogos llaman “elecciones fundadoras”[3] es decir, elecciones que permiten la instalación de un gobierno democrático de alternancia cuya elección ha sido el fruto de una participación amplia del pueblo en condiciones de transparencia y competencia electoral reales.

A pesar de esta situación teórica casi óptima, veinte años más tarde, el entonces Presidente Amadou Toumani Touré (electo por primera vez en 2002) fue derrocado tras un golpe de Estado liderado por el Capitán Amadou Aya Sanogo.

En las siguientes páginas se explicará cómo una situación política considerada como una de las más estables del continente ha podido degenerar en una crisis interna e internacional tan profunda. Se empezará con la presentación de las razones del surgimiento de esta crisis, se mostrará entonces en qué medida la situación en Malí se relaciona con el contexto regional de inestabilidad y finalmente, se explicará la influencia de la “comunidad internacional” sobre esta situación.

Inestabilidad política crónica

Si en el papel la transición de un régimen autoritario a un régimen democrático fue un éxito, diferentes elementos deben ser destacados para explicar la ocurrencia del golpe de Estado de marzo, algunos coyunturales y otros estructurales.

El fin del segundo período de gobierno de Amadou Toumani Touré es, sin lugar a duda, uno de los elementos coyunturales más importantes para explicar que los militares del cuartel militar de Kati hayan decidido tomar las armas contra el poder civil. En un momento en el cual ningún militar estaba en posición de asegurar a los militares un acceso directo al poder, los miembros de esta institución no parecían dispuestos a abandonar el mando a civiles considerados como ilegítimos.

Si la cronología política no favorecía a los militares, ellos podían contar con el respaldo de una gran parte de la población de la capital Bamako, después de varios años de declive económico. La insatisfacción de los Malienses con el mando de Amadou Toumani Touré había ido creciendo debido a la incapacidad de éste de protegerlos de las diferentes crisis económicas ocurridas desde 2008 (crisis financiera internacional, crisis alimenticia consecuencia tanto de la especulación en los mercados internacionales como de las malas condiciones climáticas).

Pero estos dos elementos se juntaron con una gestión “consenso-patrimonial” del Estado por parte de Amadou Toumani Touré. Como lo explicaban un ex ministro y periodista del país al momento mismo del golpe de Estado: “Progresivamente, se vio un alineamiento de todos los partidos políticos sobre la línea del Presidente”. Un periodista explicitó esta declaración agregando que “el consenso encadenó toda la sociedad Maliense empezando por los medios”[4]. Lo que expresan aquí los malienses es la deriva de los gobiernos de Amadou Toumani Touré. Desde la imagen de un militar demócrata que había permitido la transición y la consolidación democrática, Toumani Touré se transformó en un jefe omnipresente que usó las diferentes élites y grupos de interés del país como auxiliares del Estado. Siguiendo la definición que se dio del término podemos afirmar aquí que lo que empezó, en 1992, como una democracia se transformó en una anocracia.

El Estado Maliense, si presentó un balance político estable durante veinte años, no aprovechó este lapso de tiempo para establecer los mecanismos necesarios para el establecimiento de una cultura democrática. Después de la declaración por parte de Amadou Toumani Touré de no volver a presentarse, las diferentes facciones a su servicio vieron en este abandono una oportunidad para apoderarse del aparato estatal.

Grupos armados en el Sahara

Si la mala gobernabilidad fue el principal argumento de los golpistas para justificar sus acciones, la situación política y de seguridad en el norte del país fue otro elemento de descontento que sirvió de apoyo a las demandas que hacían tanto golpistas como la población en general.

 Las dificultades del poder central para controlar los confines del desierto no son nuevas. Al momento de la conquista colonial por parte de Francia, los Tuareg obligaron a la potencia europea a mantener la región como una zona militar. Finalmente, la supremacía francesa se ejerció con una estrategia: “divide y reinarás”, lo que hizo que no se presentara una integración real de las confederaciones Tuareg en la vida política de la colonia y en 1962, al momento de la independencia del territorio de Malí, una rebelión conocida como “rebelión Alfelaga” se constituyó para obtener del nuevo Estado Maliense su independencia. La respuesta del entonces Presidente Modibo Keita (1960-1968) así como la de su sucesor Moussa Traoré (1968-1991) fue la fuerza.

Las exacciones del ejército Maliense durante este período son internacionalmente conocidas. En 1994, aprovechándose de la transición democrática, mujeres del Azawad mandaron una carta abierta al Parlamento Europeo denunciando las ejecuciones, las desapariciones y el envenenamiento de pozos de agua[5].

La caída de Moussa Traoré permitió el establecimiento de una nueva Constitución y la firma de un “Pacto Nacional” que representaba un verdadero acuerdo de paz entre los Tuaregs y el Estado Maliense. Además de la integración de los rebeldes en el ejército, este pacto preveía la creación de varias comisiones con el objetivo de llegar a una reconciliación y a la autonomía del norte. El gobierno no cumplió con sus compromisos y en el 2006 las hostilidades se reiniciaron con ataques Tuareg sobre los cuarteles militares de Kidal y Ménaka.

Esta situación conflictiva y violenta no se puede desconectar del contexto regional ni de la intervención de la OTAN en Libia.

El contexto regional es el de los tráficos ilegales y de la contestación armada de la autoridad de los Estados por parte de grupos islamistas. El contexto histórico del Sahara hace de esta región un umbral, un lugar de paso entre África y Europa. Desde la Antigüedad hasta el siglo XIX, el Sahara era la interfaz entre los productores de oro africanos y el mercado europeo, pero también era el puente entre las fuentes de esclavos y el resto del mundo.

En la actualidad, esta tradición comercial se adaptó a flujos de naturaleza diferente. La trata de personas y el tráfico internacional de drogas se han vueltos fuentes principales de ingresos para los grupos armados en la región sahariana. Se estima que un 15% del tráfico mundial de cocaína pasa por el Sahara[6]. En noviembre de

2009, las autoridades malienses descubrieron los restos de un Boeing 737 en el desierto cerca de Gao. Éste provenía, según la ONUDC, de Venezuela y estaba cargado de unas 10 toneladas de cocaína. En el marco africano, los ingresos generados por el tráfico de drogas representan para los Estados un desafío tan grande como para los Estados más expuestos a estos tráficos tales como Estados Unidos y la Unión Europea, es decir un 0.2% del PIB[7].

Estas fuentes de ingresos constituyen la base sobre la cual se desarrollan actividades subversivas, pero las capacidades materiales de lucha provienen en gran parte de los stocks de armas filtrados desde el territorio libio a partir de 2011. A este flujo de materiales se le suma una competencia en el arte de la guerra que han adquirido los combatientes tuareg formados en la Legión Verde del Coronel Gadhaffi desde los años 1980.

La influencia creciente de AQMI (Al-Qaeda del Magreb Islámico) en la región debilita aún más el Estado maliense. De hecho, después de la declaración de independencia del norte de Malí, muchas zonas adoptaron la Sharia como base del derecho, marcando así los estrechos lazos que los Tuareg tienen con el Islam.  Aunque la adopción del Código de Ley islámico no representa en sí misma una dificultad, se puede sin embargo prever que la combinación de la falta de control del espacio sahariano con un proyecto político islámico, podría llegar a la creación de una zona refugio y operativa para los grupos islamistas revolucionarios, empezando con AQMI.

La “comunidad internacional” frente a la crisis en Malí

Una diferencia importante entre los años 1990 y la actualidad es que los Estados de la región han modificado su política frente a los cambios no constitucionales que podrían producirse en uno de ellos.

Si hasta el remplazo de la Organización de la Unidad Africana por la Unión África la intangibilidad de las fronteras y el respeto de la soberanía de los Estados miembros eran los dos pilares jurídicos sobre los cuales las relaciones inter-africanas se fundaban, desde entonces, estos principios han sido reevaluados.

Con la independencia del Sudán del Sur en julio de 2011, por primera vez en la historia de los Estados africanos modernos un país se creó sin referencias fronterizas internacionales anteriores[8]. Fruto de más de 20 años de conflicto contra el poder central la independencia de las provincias del sur de Sudán abrió las esperanzas de todas las minorías nacionales del continente empezando por los Tuareg de Malí y Níger.

Por otra parte, desde las intervenciones nigerianas en Liberia y Sierra Leona en los años 1990, pero aún más, desde los golpes de Estado condenados en Côte d’Ivoire en 1999 y 2002, en

Níger en 1999 y después en 2010, en Mauritania en 2005 y en 2008 – para citar los más destacados – la “comunidad internacional africana” ha desarrollado capacidades reales de acción frente a las tentativas de cambios no constitucionales.

El resultado de esta experiencia fue una reacción extremadamente rápida de los Estados miembros de la CEDEAO. Inmediatamente, el 22 de marzo, la Comisión de la CEDEAO reaccionó con la publicación de un comunicado condenando el golpe de Estado en Malí[9]. Siguieron: la suspensión de Malí de su participación a la organización regional, un cierre total de las fronteras del país y finalmente una amenaza de intervención militar en el país si los golpistas no restablecían el orden constitucional.

Frente a la condena unánime del golpe (Estados africanos e instituciones internacionales), el Capitán Sanogo inició negociaciones para entregar el poder a los civiles. El Presidente de la Asamblea Nacional Dioncounda Traoré se posesionó el 12 de abril del 2012. Sin embargo, esta cesión de poder no puso fin a la crisis. A finales del mes de abril los combates entre legitimistas y golpistas se reiniciaron en Bamako. Incluso, a mediados de mayo, el Presidente interino fue apaleado por manifestantes en su oficina de Koulouba[10]. La legitimidad política de Traoré para liderar un nuevo proceso de transición se presentó proporcionalmente contraria a su legitimidad institucional, el país parece condenado a estancarse en esta crisis.

Si los eventos de estos últimos meses hacen correr un riesgo grande a la estabilidad y a la paz en la región, estos representan al mismo tiempo una oportunidad para los malienses para volver a pensar la organización política del Estado y su práctica democrática. Las elecciones presidenciales previstas para el 22 de abril han sido aplazadas sine die, retraso que no debe ser visto como una catástrofe sino como una oportunidad para la creación y la implementación de una solución global para que se pueda reiniciar y terminar el proceso de transición iniciado en 1992.


[1] MACQUEEN N., United Nations peacekeeping in Africa since 1960, Londres, Pearson Education/Longman, 2002, 308 páginas, p.24.

[2] Esta forma de gobierno caracteriza una organización en la cual el Estado es débil y en la cual las élites son las que sirven como referentes de autoridad o correa de transmisión del poder desde el Jefe de Estado hasta la población.

[3] O’DONNELL G. y SCHMITTER C:, Transitions from authoritarian rule: Tentative conclusions about uncertain democracies, Baltimmore, John Hopkins University Press, 1986, 81 páginas, p.6.

[4] RFI, La chute d’Amadou Toumani Touré au Malí ou la défaite d’une politique de consensus, consultado en línea el 25 de marzo 2012 en: http://www.rfi.fr/afrique/20120323-chute-amadou-toumani-toure-Malí-defaite-une-politique-consensus

[5] IRIN, War and peace – Malí repeats the cycle, consultado en línea el 29 de marzo 2012 en: http://www.irinnews.org/Report/95186/Briefing-War-and-peace-Malí-repeats-the-cycle

[7] UNODC, World drug report 2011, New-York, 2011, 267 páginas

[8] La separación entre Eritrea y Etiopia en 1993fue el resultado de un referendo que permitió volver a una frontera internacional creada por los colones Italianos e Ingleses.

[9] Comisión de la CEDEAO, ECOWAS reaction to the coup d’etat inMalí, comunicado n°: 074/2012, Abuja, 22 march 2012

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