Sudáfrica y la Copa Mundial de Fútbol: ¿Hacia la consolidación de una vocería continental?

Posted on octubre 29, 2012

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Por: Andrés Sáenz Peñas
Asistente de Investigación – Estudios Africanos
andres.saenz@est.uexternado.edu.co

El 10 de mayo de 1994 la comunidad internacional presenció el final de uno de los períodos más oscuros en la historia de África.  Ese día, Nelson Rolihlahla Mandela – más conocido en Sudáfrica como Madiba – asumió la jefatura del país austral en unas elecciones multirraciales y democráticas que pusieron punto final al régimen del Apartheid y marcaron el inicio de un proceso de construcción y reconciliación nacional.

Así, se configuró un proceso de consolidación de la paz basado en la filosofía africana del Ubuntu, a través de la cual se privilegió la verdad y el perdón con el objetivo de crear un sentimiento de nación  (en ocasiones por encima de la justicia y reparación para las víctimas)[1]. Está lógica, a pesar de sus inconvenientes, probó ser un éxito en materia de resolución de conflictos y puso de nuevo a Sudáfrica en la arena internacional. Al parecer, el afro-pesimismo que había predominado en la visión hegemónica del Norte comenzaba a ser remplazado por un renovado optimismo internacional. El lema de la nación “unidad en la diversidad” parecía tener la sinergia necesaria para lograr el anhelado renacimiento africano (African Renaissance) con el que el presidente sudafricano ThaboMbeki configuraría su discurso de política exterior.

Dieciséis años después, Sudáfrica organizaría el evento deportivo más importante del mundo: la Copa Mundial de Fútbol.  Un día antes del juego inaugural, en un concierto de rock en el Estadio de Orlando en Soweto[2], el Arzobispo Emérito y Premio Nobel de Paz Desmond Tutu trataba de articular el sentir de casi cincuenta millones de compatriotas: “Can you feel it?” he exclaimed. “You can touch it! It’s unbelievable! I am in a dream!”… It is here”[3]. Tutu no sólo hablaba de la Copa, en sus palabras se podía vislumbrar un sentimiento más poderoso y emotivo. Para él, el momento de África había llegado. ¿Estaría en lo cierto?

En principio, se podría argüir que un evento de estas características no es más que una buena oportunidad para conseguir reconocimiento internacional e inversión extranjera por medio de un predecible boom turístico y económico. Sin embargo, la realidad es otra y propósitos menos tangibles se vislumbran en la lógica de los mega-eventos donde la simbología juega un papel trascendental.

David Black se refiere en los siguientes términos a estos acontecimientos: “they provide unique opportunities for the pursuit of symbolic politics — a chance to signal important changes of direction, ‘reframe’ dominant narratives about the host, and/or reinforce key messages about what the host has become/is becoming”[4]. En suma, podría considerarse que son vehículos críticos para la legitimación política, tanto en el ámbito interno como en el externo y, en esa medida, se constituyen en la plataforma adecuada para la consolidación de un imaginario colectivo que incluya una demostración implícita del poderío nacional.

Por estas razones, la celebración de la Copa Mundial de Fútbol en suelo sudafricano puede tener importantes implicaciones en la política interna del Estado (como ocurrió con el Mundial de Rugby de 1995[5]) y, además, en la manera como Sudáfrica y el continente africano son vistos en la arena internacional. De igual forma, este evento puede tener injerencia en la dinámica intrarregional y legitimar la posición de la nación arcoíris como el hegemón dentro del continente africano.

Este tema cobra vital importancia si se tiene en cuenta que Sudáfrica tiene mayor legitimidad como vocero de África por fuera del continente (en foros internacionales por ejemplo), que adentro del mismo. Para David Simon, esto se debe a que las viejas heridas de la Sudáfrica racista – que buscó desestabilizar a los países del sur de África durante los años del Apartheid – todavía no han cerrado completamente. También menciona que a nivel económico, Sudáfrica más que un Estado benefactor es un Estado competidor ya que las economías africanas no se complementan y, por el contrario, compiten por los mismos mercados[6].

Así, la posibilidad de Sudáfrica para consolidarse como líder internacional y como vocero del continente dependerá – en gran medida – de la percepción de los demás países africanos. Situación compleja si se tiene en cuenta que el país todavía es visto en el vecindario con recelo. De hecho, el Comité Organizador para la candidatura de la sede del Mundial representó a Sudáfrica como la ‘puerta natural al continente’ y como el verdadero representante africano[7] (su competencia para auspiciar el evento fue Marruecos). De esta forma, se buscó contrarrestar las percepciones negativas de sus vecinos y se consolidó la narrativa colectiva del país austral como vocero natural de África en el sistema internacional.

Igualmente, se arguyó en el proceso de oferta que la celebración de la Copa Mundial de Fútbol colaboraría en la transición pacífica del país a la democracia y que si la comunidad internacional quería cumplir su promesa de participar en el renacimiento africano, la Copa Mundial sería el vehículo más adecuado[8]. Por eso el slogan inicial de la oferta sudafricana era It’s Africa’s Turn! y también por esta razón los eventos de inauguración y clausura del Mundial estuvieron cargados de componentes africanos, más que de componentes sudafricanos. La intención de la élite política era mostrar que el continente estaba preparado para afrontar los nuevos retos del orden mundial y que África no sería más el continente olvidado.

A nivel doméstico, la Copa tuvo repercusiones en el país en dos frentes: la conciencia colectiva de los sudafricanos y la economía nacional. Sobre el primer punto, a diferencia de lo que ocurrió en 1995 con la mítica victoria de la sección local en el Mundial de Rugby cuando se marcó un punto de quiebre en el proceso de reconciliación nacional al hacer que la población negra se acercase a la cultura afrikáner, esta vez los blancos (algunos por primera vez) se acercaron a las tradiciones y a la cultura negra. Las palabras de Farai Sevenzo, un reportero de vieja data residente en Sudáfrica, parecen explicarlo todo: “For the first time, the South Africans kept telling me, all South Africans have come together, people are conversing across colour divisions, we are incredibly proud of what we have achieved”[9]. Al parecer, la euforia mundialista va a perdurar en el ser sudafricano como una herramienta para lograr cumplir el lema de la República: “unidad en la diversidad”.

Con respecto al tema económico, debe decirse que la inmensa inversión que el gobierno realizó en infraestructura va a aumentar la competitividad de las empresas nacionales ostensiblemente. El Grant Thornton Strategic Solutions de Johannesburgo calcula que el país va a recibir 2,2 millones de turistas extra entre 2010 y 2015 por el empuje que el torneo le va a dar a la reputación de Sudáfrica como un buen destino para los viajeros[10]. Asimismo, aseguran que el mes del torneo le agregaría un 0,9% de crecimiento adicional al Producto Interno Bruto de la nación. Estos indicadores, en un país cuyos niveles de desigualdad y de desempleo son bastante elevados, pueden mejorar la calidad de vida de la población si sus réditos son distribuidos adecuadamente. Sin embargo, es importante entender que un mes de fútbol no necesariamente va a cambiar radicalmente la vida de los sudafricanos. Análisis futuros se hacen necesarios.

Sin embargo, queda aún una pregunta por responder: ¿qué va a ocurrir en los ámbitos continental e internacional? Como ya se observó, la situación al interior de África no es fácil para la nación arcoíris. No obstante, y a pesar de aparentes amenazas del regreso de la xenofobia, se respira optimismo en el país, por lo menos para la Fundación Nelson Mandela: “We have seen South Africans unite around a common support for African teams during the FIFA World Cup. We hope that this will lead to greater appreciation by South Africans of our place on this continent and that we will show greater solidarity with non-nationals”[11]. En ese sentido, es posible que se presente un cambio en la percepción que tienen los pueblos y los líderes africanos sobre su vecino del sur, para pasar de dinámicas de confrontación a dinámicas de cooperación. La fortaleza simbólica que puede tener la Copa del Mundo en África no debe ser subestimada y no es descabellado pensar que las relaciones intersubjetivas entre los actores del sistema comiencen a ubicar a Sudáfrica menos como una amenaza y más como un hegemón benevolente.

A nivel internacional, la situación es más clara y se puede presentar la realización de la Copa Mundial como la consecución de un proceso más extenso: la demostración de que Sudáfrica es una potencia mundial y es el vocero por excelencia de África en el sistema internacional. Y la verdad Sudáfrica tiene razones para serlo, la nación arcoíris no sólo cuenta con un capital humano considerable, también con una sorprendente capacidad para generar riqueza. Sudáfrica es la economía más industrializada del continente y es responsable de casi el 30% del Producto Interno Bruto (PIB) de toda África y del 71,4% del PIB de la Comunidad para el Desarrollo de África del Sur (SADC)[12]. De igual manera, el país cuenta con la mayor y mejor entrenada Fuerza Armada[13] del continente, un hard power a prueba de cualquier duda. Si a esto se le agregan las dinámicas de soft power del país, producto de una activa participación en organismos multilaterales tipo IBSA, en resolución de conflictos, defensa de la democracia, defensa de los derechos humanos y en lo cautivante de su historia reciente (cargada de un alto contenido simbólico) nos encontramos con una potencia en auge que llegó para quedarse a la arena internacional.

Sudáfrica es aún una nación inconclusa que debe recorrer un largo camino si quiere convertirse en el arquetipo de lo que quiere ser: una nación de todos y para todos. Si se tiene en cuenta que el país tuvo un retroceso significativo en el Índice de Desarrollo Humano, donde pasó de ocupar la posición número 100 en 1993 a ocupar la posición 123 en 2009[14](entre 182 países), es evidente que aún queda mucho por hacer. A pesar de esto, el diagnóstico es optimista y las posibilidades de un verdadero progreso dejaron de ser ideas etéreas, para convertirse en acciones reales. Quizá ese sea el más importante logro de la Copa Mundial de Fútbol, el hecho de permitirles a los africanos creer en sí mismos, de permitirles creer que el futuro está en sus manos.


[1] Eguis, Belinda, “Expectativas y Realidades de la Reconciliación: La Comisión para la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica”, en Andebeng Alingué, Madeleine (ed.), Procesos de Paz en África: una experiencia para Colombia, Universidad Externado de Colombia, septiembre de 2001, pp. 247 – 285.

[2] Soweto es uno de los ‘townships’ más importantes en la historia de Sudáfrica (se ubica a las afueras de Johannesburgo). El término ‘township’ hace referencia a las áreas urbanas ubicadas en las periferias de las grandes ciudades, reservadas para los no-blancos y con unas condiciones de vida bastante precarias. Soweto fue mundialmente conocido por un incidente ocurrido en 1976, cuando población en edad escolar protestó pacíficamente contra la decisión del gobierno del Apartheid de obligar a los estudiantes no-blancos a recibir clases exclusivamente en afrikaans y en inglés (un nuevo componente de las Leyes de Educación Bantú), a lo cual, la policía respondió de manera violenta acabando con la vida de más de 500 estudiantes frente a los ojos impávidos de millones de personas que vieron por televisión la masacre.

[3] Perry, Alex, “Africa’s Future” en Time, Vol 176, 19 de julio de 2010, 23 de julio de 2010, Academic One File.

[4] Black, David, “The Symbolic Politics of Sport Mega-Events: 2010 in Comparative Perspective”, en South African Journal of Political Studies, Vol 34 (3), diciembre de 2007, p. 262.

[5] Ampliar en: Maingard, Jacqueline, “Imag(in)ing the South African Nation: Representations of Identity in the Rugby World Cup 1995”, en Theatre Journal, Vol 49 (1), marzo de 1997.

[6] Simon, David, “Trading Spaces: Imagining and Positioning the ‘New’ South Africa within the Regional and Global Economies”, en International Affairs, Vol 77 (2), abril de 2001.

[7] Cornelissen, Scarlett, “’It’s Africa’s Turn!’ The Narratives and Legitimations Surrounding the Moroccan and South African Bids for the 2006 and 2010 FIFA Finals”, en Third World Quarterly, Vol 25 (7), 2004, p. 1302.

[8] Ibíd., p. 1303.

[9] Sevenzo, Farai, “Viewpoint: Thank you for the World Cup Memories”, en BBC News (Online), 13 de julio de 2010, 27 de julio de 2010, disponible en: http://www.bbc.co.uk/news/10602196

[10] Will, Bill, “World Cup ‘rebrands’ South African economy”, en BBC News, 12 de julio de 2010, 27 de julio de 2010, disponible en: http://www.bbc.co.uk/news/10507663

[11] Vecter, Ivo, “After South Africa’s World Cup, xenophobic threats on the rise”, en The Christian Science Monitor, 14 de Julio de 2010, 28 de Julio de 2010.

[12] Taylor, Ian, “Blind spots in analyzing Africa’s place in world politics”, en Global Governance, 10 (4), octubre – diciembre de 2004.

[13] Desde 1994: South African National Defense Force (SANCF). Antes de 1994: South African Defense Force (SADF).

[14] Informes sobre Desarrollo Humano, Informe sobre Desarrollo Humano 2009, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2009.

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