Crisis en el Cuerno de África: Apuntes sobre la sequía y la hambruna en Somalia

Posted on octubre 29, 2012

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Por: Juan Antonio Torres
Asistente de Investigación – Estudios Africanos
juan.torres04@est.uexternado.edu.co

En semanas recientes el mundo ha sido testigo de la agudización de la crisis humanitaria por desabastecimiento de alimentos en Somalia como consecuencia de la más grande sequía que haya afectado a los países del cuerno de África en los últimos 60 años, de acuerdo a declaraciones emitidas por Naciones Unidas.

Según los informes de los enviados especiales de la ONU a Somalia, se estima que la situación ha empeorado dramáticamente desde el momento en que el organismo internacional declara el estado de hambruna en las regiones de Bakool y Baja Shabelle al sur del país, generando en sólo este período el desplazamiento de aproximadamente 100.000 personas hacia la capital Mogadishu  y de 140.000 en lo que ha transcurrido del año hacia campos de refugiados en Etiopía y Kenya principalmente.

La situación humanitaria en Somalia toma un rumbo particular al enmarcase en el contexto de un Estado fallido que ha perdurado por dos décadas fruto del colapso del régimen de Siyaad Barré en 1991.  La guerra civil que se desencadena ante el vacío de poder obedece entonces al alzamiento de las facciones armadas de los grupos que fueron marginados y perseguidos por el Estado socialista impuesto desde 1969. Desde ese momento, la violencia se desborda y se crean condiciones de pobreza e inseguridad que degradan considerablemente la calidad de vida de sus habitantes y se evidencian en indicadores como el alto nivel de analfabetismo que se acerca al 60%, de mortalidad infantil donde uno de cada diez niños muere antes de los cinco años y de esperanza de vida que supone la imposibilidad para un somalí de alcanzar los 50 años[1].

La crisis

La crisis se manifiesta como un escenario que facilita la aparición de movimientos insurgentes  que han logrado hacerse al control de importantes zonas del territorio, donde Al-Shabaab es un claro ejemplo. Este grupo inicia como un movimiento islamista de oposición al gobierno federal de transición, formado a finales del 2004 con respaldo de la Unión Africana (UA), aprovechando la falta de cohesión, representatividad y presencia del gobierno en el exilio que se traduce en la imposibilidad de controlar importantes zonas del centro y sur del país, incluyendo partes de la capital.

La violencia desatada por el extremismo que encarna la autoridad política bajo la ideología antioccidental de al-Shabaab, que recientemente admitió sus conexiones con al-Qaeda y que utiliza armamentos obtenidos mediante el tráfico de armas, narcóticos y piratería, impide la acción efectiva de las organizaciones internacionales y no gubernamentales que aún trabajan en Somalia. Ahora, con relación a la crisis humanitaria que estalla a mediados de 2011, Al-Shabaab es responsable de demorar e impedir el despacho de la ayuda internacional y, en consecuencia, de generar un incremento en las muertes por falta de alimentos en una población que ha perdido previamente sus principales fuentes de ingresos y que ha sido forzada a traspasar fronteras en busca de seguridad, y en los casos más extremos, al menos de comida y agua.

El refugiado somalí

Según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se sostiene que durante la primera mitad del presente año aproximadamente 83.500 somalíes se han dirigido hacia Kenya en busca de ayuda alimentaria, 54.200 lo han hecho hacia Etiopía, y un número más pequeño, alrededor de 2.600 ha optado por Djibouti, traduciéndose en un total de 140.300 desplazados en tan sólo seis meses y que se suman a aquéllos que llegaron en años anteriores y que ascienden a una cifra cercana al medio millón de personas.

El caso en Kenya se perfila tal vez como el más complejo debido al enorme número de personas que cruzan la frontera sur para llegar al área de Dadaab en donde se cuenta con tres campos con capacidad para 90.000 refugiados pero que en la actualidad se cuadruplican llegando a unos 400.000. Lo anterior, resultado del constante flujo de hombres, mujeres y niños que huyen del hambre y la violencia en territorio somalí y que de continuar, podría significar la llegada de otros 130.000 en lo que queda de 2011.  Los anteriores datos se presentan en el marco del informe del Servicio de Movilización de Recursos y Relación de Donantes de ACNUR[2] con la intención de hacer notar la necesidad de disponer de mayores espacios y ayuda humanitaria por parte de los gobiernos de cuerno de África y por conexidad, a los miembros de Naciones Unidas.

En Etiopía, los refugiados del último semestre llegan a la región de Dolo Ado y es allí donde ACNUR, en el mismo informe que se referencia anteriormente, pronostica que migren otros 36.000 para el final del presente año. En Dolo Ado se encuentran dos campos de refugiados, Bokolmanyo y Melkadida, que actualmente reciben somalíes afectados por enfermedades, deshidratación y desnutrición, pero a causa del desbordamiento de la cifra estimada, las agencias internacionales comienzan a admitir su incapacidad para atender todos los casos, más aun cuando se tienen en cuenta las precarias condiciones de infraestructura con las que se cuenta.

En Djibouti se aprecia una menor tasa de llegada de refugiados en comparación con Kenya y Etiopía a una tasa de 500 por mes.  La migración se ha trasladado al campo de Ali Addeh como consecuencia del hacinamiento y la alta insalubridad que se vive en el de Hol-Hol. Uno de los problemas que se evidencia en estos campos es la falta de agua potable que se intensifica ante la sequía que también se presenta al norte de Somalia, así como el incremento de los casos de violencia sexual al interior de los campos. Gracias a la capacidad, que no es plenamente efectiva ni libre de obstáculos, que ha tenido el gobierno de la auto declarada República de Somalilandia, ha sido posible controlar en alguna medida el desabastecimiento de comida, contribuyendo a que el número de refugiados que salen del norte sea mucho menor en comparación al del resto del país.

¿Era imposible su prevención?

De acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial (WMO) una sequía puede presentarse en tres ámbitos distintos: el meteorológico, el agronómico y el hidrológico. El primero de estos obedece a las estaciones y a los períodos tradicionales de temporadas secas; en el segundo se observa un efecto directo sobre las plantaciones debido a la caída en la humedad del suelo; y en el tercero se considera una desaparición de las fuentes hidrológicas de una región. Todos estos ámbitos convergen en el actual caso de Somalia donde se acentúa el impacto socioeconómico de los últimos dos, con lo que se crean serias amenazas estructurales para la sobrevivencia de la vida humana.

El cuerno de África gracias a sus condiciones geológicas y geográficas tiende a experimentar sequías prolongadas que impiden el desarrollo de cultivos aptos para consumo humano y que producen el agotamiento del agua potable.  Esta situación, en consecuencia, no es nueva para Somalia y sus vecinos. Como resultado de las muertes históricas por falta de alimentos en esta parte del planeta, se han desarrollado con apoyo de la ONU, la UA y la WMO, diferentes sistemas de alerta temprana de sequías que se pueden centrar en un solo país o en una región, como sucede con África oriental a través del ICPAC con sede en Nairobi[3]. El objetivo de estos sistemas es reunir y analizar evidencias climáticas e hidrológicas que pueden suponer la ausencia de lluvias desencadenando hambrunas generalizadas para, de esta manera, emitir alertas a tiempo y poder mitigar los impactos desastrosos de tales fenómenos naturales.

Ahora bien, resulta controversial que teniendo las alarmas en las que se advertía de la actual sequía activas desde noviembre de 2010, se haya permitido que la situación escalara hasta los niveles que exhibe hoy la crisis de refugiados somalíes. Es también preocupante, como lo señala Richard Dowden en su más reciente artículo “It’s politics…stupid”, que en 1999, 2002, 2005 y 2008 los sistemas de alerta temprana sobre sequías sí hayan cumplido con su función al haber permitido que se produjeran las respectivas respuestas, traducidas en alimentos y medicinas para prevenir mayores catástrofes, así éstas hubiesen llegado con serios retrasos.

Mapa de las zonas afectadas por la hambruna en el cuerno de África (Fuente)

  

Las agencias internacionales en medio de la crisis

Desde antes de la caída de Siyaad Barré en Somalia en 1991, era posible observar la presencia de agencias internacionales encargadas de hacer frente a crisis humanitarias anteriores como la que tuvo lugar entre 1974 y 1975. Sin embargo, la guerra civil obligaría a la salida del país de muchas de estas agencias debido a la inseguridad reinante y al reducido margen de acción con el que cuentan.  Por su parte entre las que aún hoy se mantienen, se cuentan a FAO, WFP, OMS, OCHA, ACNUR, ICRC y Médecins Sans Frontières, que continúan haciendo presencia en la región y tienen ahora la responsabilidad de hacer frente al caos que se ha desatado ante los devastadores efectos de la sequía a lo largo del presente año, cargando con el peso que implica el sabotaje de sus acciones por parte de Al-Shabaab.

Foto aérea del campo de refugiados de Dabaab (Fuente)

En la visión de mediano y largo plazo que maneja la FAO, se distinguen en primer lugar tareas enfocadas hacia permitir el acceso a fuentes de agua, propiciar el desarrollo de cultivos resistentes a la sequía y entregar fondos para mitigar el aumento de los precios de la comida[4]. Por su parte, la acción para el manejo inmediato de la crisis a través de los programas de alimentación suplementaria y de nutrición para madres y niños de los que se ocupa el Programa mundial de alimentos[5] que iniciaron en el mes de marzo, tienen por objetivo cubrir a una población cercana a 1.2 millones de personas en territorio somalí durante un año, con un especial énfasis en Mogadiscio ante la cantidad de desplazados que llegaron durante el primer semestre.

Adicionalmente se mantiene la presencia de la Organización Mundial de la Salud tanto en Somalia como en los campos de refugiados en los países vecinos. Su accionar abarca el manejo de la desnutrición aguda, las enfermedades trasmitidas por el agua y la comida, las enfermedades relacionadas con el hacinamiento, las enfermedades prevenibles por medio de vacunas y las enfermedades endémicas[6].

El Comité Internacional de la Cruz Roja junto con Médecins Sans Frontières (MSF), poniendo en práctica sus principios de neutralidad e imparcialidad bajo la obligación de prestar ayuda humanitaria por conflictos, presentan un mayor poder de penetración en la región sur del país controlada en gran parte por facciones extremistas de Al-Shabaab. Estas dos organizaciones trabajan en conjunto con la Media Luna Roja de Somalia con la que se ven en la tarea de atender heridos de guerra que llegan a los hospitales, dotar los centros médicos y proveer capacitación en la atención de enfermos y heridos, procurando la debida observancia de las normas del Derecho Internacional Humanitario[7].

Para el tratamiento de las dinámicas que surgen a partir del desplazamiento de grupos humanos por situaciones adversas en su entorno se cuenta con la presencia de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Teniendo en cuenta que la situación de hambruna podría prolongarse al menos por los dos próximos meses, OCHA presenta en su Informe sobre Requerimientos Humanitarios para la hambruna en el Cuerno de África[8] el cálculo de los recursos que serán necesarios para permitir que los planes de acción se puedan llevar a cabo en lo que resta del año.  El costo asciende a los 2.481 millones de dólares, pero únicamente se dispone de 1.000. Así mismo, dentro de los mayores retos que identifica ACNUR están el bloqueo de los puertos que permiten el ingreso de la ayuda humanitaria bajo el control de Al-Shabaab, la falta de presencia en los territorios de Puntlandia y Somalilandia y los brotes de inseguridad que comienzan a aflorar en los congestionados campos de refugiados[9].

Somalia es un país con una configuración social distinta al resto de África donde la sola idea de reconstruir el Estado en un marco de igualdad para todos los grupos poblacionales puede verse como una utopía dadas las condiciones actuales. Mantener el Estado fallido implica que se acentúa la ley del más fuerte consolidando en el poder a movimientos insurgentes sin ninguna legitimidad en el ámbito internacional. Al tener una autoridad basada en actores ilegítimos que se alejan de los mínimos aceptables para un gobierno, los obstáculos para coordinar ayuda internacional se incrementan, más aún si se considera el hecho de ser un país con una economía en ruinas. Ante este panorama, las opciones para reducir el número de personas que mueren en medio del conflicto y el hambre parecen agotarse, pero es en este punto donde se debe pensar hacia fortalecer los sistemas de prevención, recordando que la mayor parte del trabajo ya ha sido desarrollada por la Unión Africana y que su efectividad ha sido probada en años anteriores.


[1] Datos estadísticos ofrecidos por Richard N. Haass, presidente de Council on Foreign Relations en: “Somalia a new approach”, reporte especial de marzo de 2010.

[2] UNHCR, Response to the Somali displacement crisis into Ethiopia, Djibouti and Kenya 2011. Donor Relations and Resource Mobilization Service July 2011

[3] World Meteorological Organization. “Drought monitoring and early warning: concepts, progress and future challenges”. Geneva, Switzerland. 2006

[4] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. “Crisis en el Cuerno de África”. (En línea), Disponible en http://www.fao.org/crisis/horn-africa/home/es/, Consultado el 17/08/11

[5] World Food Program. “Somalia WFP Activities”. (En línea), Disponible en http://www.wfp.org/countries/Somalia/Operations, Consultado el 17/08/11

[6] World Health Organization. “Public health risk assessment and interventions, The Horn of Africa: Drought and famine crisis”. Geneva, Switzerland. Jul. 2011

[7] Comité Internacional de la Cruz Roja. “Somalia: entre el conflicto y los desastres naturales”. (En línea), Disponible en http://www.icrc.org/spa/resources/documents/update/2011/somalia-update-2011-04-21.htm, 16/08/11

[8] United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs. “Humanitarian Requirements for the Horn of Africa Drought”. New York, USA. Aug. 2011

[9] United Nations High Commissioner for Refugees. “East and Horn of Africa”. (En línea), Disponible en http://www.unhcr.org/pages/49e45a846.html, Consultado el 16/08/11

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